Texto por: Cristian Martínez

Fotografías por: Hugo Hinojosa

La banda regresó a Chile este 28 de agosto para celebrar junto a sus seguidores los 35 años de «Magos, Espadas y Rosas», la primera de dos fechas consecutivas que vuelven a poner en evidencia el vínculo inquebrantable que Rata Blanca mantiene con el público chileno desde hace décadas.

Una de las cosas más bonitas del rock es su capacidad para reunir a distintas generaciones frente a un mismo escenario, desde quienes llevan décadas siguiendo a una banda hasta quienes recién comienzan a descubrir sus canciones. Este viernes, el Teatro Coliseo fue ese lugar de encuentro, donde desde temprano fanáticos de todas las edades comenzaron a hacer fila en la entrada. Entre conversaciones y risas, la espera se hizo más breve, hasta que finalmente las puertas se abrieron y el público comenzó a rellenar los espacios del recinto, preparándose para vivir una noche en la que el rock sería el gran protagonista.

El primer capítulo de la jornada estuvo a cargo de Navaja, el nuevo proyecto de Cristóbal Briceño, músico conocido por su trayectoria al frente de Ases Falsos y Fother Muckers. El repertorio estuvo centrado en «Primer Corte», el debut discográfico de la banda, que fue recientemente publicado. Un trabajo que recoge las distintas influencias que han marcado al músico y que, en vivo, lograron hacer vibrar al público con toda la potencia del heavy metal.

Una vez terminada su presentación, las luces se apagaron y la oscuridad se apoderó del escenario. Por unos instantes, la ciudad, que a esa hora continuaba con su ritmo habitual, pareció detenerse dentro del recinto. En ese lapso, los integrantes de Rata Blanca comenzaron a tomar sus posiciones, haciendo que las manillas del reloj volvieran a girar una vez más.

Y con el estruendo de «Hijos de la tempestad» comenzó una presentación que encendió de inmediato al público y sirvió como punto de partida para un recorrido que mezcló su material más reciente con algunos de los clásicos más trascendentes de la banda.

El show continuó con «Sólo para amarte», del álbum debut homónimo, y desde ahí los coros comenzaron a hacerse cada vez más fuertes. «Volviendo a casa» y «Talismán» mantuvieron esa conexión entre la banda y el público, que coreaba cada frase a todo pulmón, contagiando su energía a todos los presentes.

Uno de los momentos más especiales de la noche llegó con «Mujer amante», con el inconfundible riff de Walter Giardino como combustible para que cientos de voces se apoderaran del micrófono y transformaran el Teatro Coliseo en un enorme coro. La escena adquiere un nuevo significado al recordar que la canción, en un principio, no estaba contemplada para formar parte del disco, pero terminó convirtiéndose en una de las piezas más queridas de la banda.

Y sin previo aviso, pasamos de la nostalgia a la furia de «Guerrero del arcoíris», que más allá de ser un clásico, también se convirtió en un himno de la lucha medioambiental, inspirado en el buque de Greenpeace que lleva el mismo nombre. La canción aborda la explotación de los recursos naturales y el cuidado del medioambiente, recordándonos que el rock es una de las principales herramientas de manifestación.

Cuando la noche comenzaba a acercarse a su final, llegó otro de sus clásicos con «Aún estás en mis sueños», una canción melancólica que revive el recuerdo de una historia de amor que vuelve a cobrar vida durante las noches, confundiendo por momentos la realidad con los sueños. Fue uno de los momentos más sentidos de la jornada, que poco a poco encontraba su ocaso hasta dar paso a «La leyenda del hada y el mago». La épica canción hizo saltar a todo el público y llevó la noche hacia una catarsis sobre la perseverancia ante la pérdida y la esperanza de volver a encontrarnos con quienes amamos. Con esta última, la banda bajó el telón, dejando en el aire la promesa de que, tal como dice la canción, nos volveremos a ver.

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