
Texto por: Franco Zurita
Fotografías por: Joselyn Heyden
En el mundo de la música, hay bandas o artistas de los que uno puede estar seguro que, en algún momento de sus carreras (o de tu vida), vas a poder verlos en vivo. Sin embargo, hay otras que, por distintos motivos, no logran ese reconocimiento y terminan convirtiéndose en una especie de mito, un anhelo o una fantasía que hoy por hoy, no es tan difícil de cumplir. Bajo este contexto y en la escena del post-hardcore, está el nombre de Sparta, el trío de Texas (eclipsados injustamente por otros nombres más reconocidos de la escena), llegaron anoche a nuestro país para presentar “Cut A Silhouette” (2026) en un electrizante debut, esperado por supuesto por muchísimos fanáticos quienes acompañaron a Jim Ward y sus secuaces en esta travesía por el cono sur del continente.
Una noche emocionante que seguramente, guardaremos en lo más profundo de la memoria, porque hablando en serio, ¿Alguien se imaginó una vez cantar en vivo alguna vez “Air” o “La Cerca”? Yo sinceramente jamás, y créanme que fuimos muchos los que no creíamos y que las cantamos.

Desde temprano, los rincones de Bellavista fueron testigos de los primeros fanáticos que se apostaron alrededor de Club Ámbar a la espera de este hito, en sintonía con una multitud metalera quienes en la vereda del frente, despedían a los veteranos de Pentagram. Entre cervezas, la complicidad de siempre, nuevas y viejas caras, las puertas se abrieron para comenzar a vivir una tarde magnífica llena de nostalgia y mucha emoción. Yucatán fueron los encargados de abrazar la atención de los primeros fanáticos apostados frente al escenario. Con tan solo dos canciones publicadas hasta el momento, los nacionales se han abierto camino en la escena independiente mezclando lo alternativo y lo experimental entre el ruido, lo etéreo y hasta una cosa casi física. Riffs y melodías que se sienten en el cuerpo medio de una catarsis melódica. Con un acotado set, repasando sus singles ya publicados y otras gemas de su repertorio, Yucatán encendió el fuego primigenio de una nostálgica noche.
Con la ansiedad esparcida por todos los rincones del recinto y con un escenario teñido de luces rojas, Neil Hennesy, Matt Miller y finalmente Jim Ward, genio y figura de la banda empuñaron sus armas instrumentales, no para hacernos viajar al pasado, sino para traerlo a nuestro presente y volver a sentirlo una vez más. Los primeros acordes de “Red Alibi” nos devolvieron a comienzos del nuevo milenio, quebrando la tensión inicial en un coro masivo que logró remecer a todos los presentes. “Breaking The Broken” y “Taking Back Control” encendieron la llama intensa de aquella juventud que todavía ruge, acelerando la marcha y atravesando con todo a su paso. Sin embargo, esta descarga de energía se vería enmudecida por la fragilidad de “Collapse” para revelarnos y hacernos volver a sentir aquel derrumbe que habíamos dejado atrás.

En medio de una atmósfera efervescente, Jim agradeció a los presentes ante la inquietud de un público dispuesto a darlo todo. Ya en la mitad del show, “La Cerca” devolvió la electricidad al recinto para inmediatamente, volver a caer en el lado más íntimo de la banda con “Miracles”, envolviéndonos en este vaivén emocional y liberador, abriendo nuevamente un espacio donde las melodías conviven con ciertas tristezas. Hasta allí, solo clásicos, pero faltaba lo nuevo. “Everything You Say” fue la representante de demostrar la vigencia de Sparta. Porque, aunque no existan grandes sorpresas en lo último presentado por la banda, confirman que la energía del trío sigue siendo la misma de hace veinticinco años atrás. “While Oceana Sleeps” fue otro de los himnos que se hizo presente y la intensidad cambió rotundamente de forma. Melodías frágiles y suspendidas que fueron coreadas en medio de los restos de penumbras abandonadas entre cada riffs.

Ya en el final, y como si de celebrar los veinticuatro años recién cumplidos del “Wiretap Scars” el debut de Sparta, “Air” fue la última pieza de la noche, expandiéndose en medio de los fanáticos hasta convertirse en esa despedida que no quieres que llegue jamás, pero que es inevitable. Tras despedirse de todo el mundo, acalorados, en éxtasis, pero profundamente purificados, así concluyó el primer show de Sparta en Chile. Una noche especial porque los texanos, son de esas bandas que existen más en nuestras playlist, discos o en esas conversaciones sobre «Qué bandas podrían venir algún día». Ese «Algún día» finalmente llegó el 18 de agosto del 2026, veinticuatro años después de su debut en la escena musical y sin necesidad de recrear ni aparentar absolutamente nada. Solo cantar desde alma aquellas canciones que nos forjaron y que nos hicieron sentir un millón de emociones, pensando que nunca tendríamos la oportunidad de escucharlas en vivo. Y lo hicimos.
Quizás la paciencia no se mida en el tiempo, sino en la esperanza de que algún día aquello que parecía imposible finalmente pueda ocurrir.





















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