
Texto por: Gonzalo Díaz
Fotografías por: Bastián Flores
Hay bandas que por el peso de su historia convierten cada presentación en un acontecimiento único, Pentagram pertenece indiscutiblemente a este grupo. Y cuando la visita está anunciada como la última en nuestro país, la experiencia adquiere inevitablemente una dimensión distinta. No se trata solamente de escuchar canciones: se trata de presenciar un fragmento de la historia del metal antes de que el telón vuelva a caer.

Ya de lleno en la jornada, todo comenzó con los nacionales de Bitterdusk, encargados de abrir los fuegos en Sala Metrónomo. La banda de doom metal entregó una presentación acorde al espíritu de la noche, construyendo desde el escenario una atmósfera densa, oscura y pesada. Sus riffs prolongados y sus tempos arrastrados sirvieron como una suerte de preparación para lo que vendría posteriormente, una inmersión en las raíces más oscuras del metal. Con ello, el público fue aumentando paulatinamente mientras avanzaba la jornada, consciente de que la cita tenía un carácter especial, considerando que Pentagram llegaba a Chile en el marco de su “Last Daze Here in Latin America”, gira presentada como su última incursión por Latinoamérica y, particularmente, como su despedida de nuestro país.

Ya siendo las 21 horas, las luces finalmente se apagaron, Pentagram aparecía sobre el escenario y desde los primeros acordes quedó claro que aquella sería una noche construida sobre el peso de la historia. Los riffs avanzaban de forma lenta, pero amenazante, instalando inmediatamente esa atmósfera que convirtió a la banda en una referencia fundamental del doom metal. No había necesidad de una gran puesta en escena, bastaba con las guitarras, la batería y la presencia de Bobby Liebling para que el público entendiera que estaba frente a una agrupación de culto.

En cuanto al recorrido realizado en el set, este abarcó ampliamente gran parte de su extensa carrera, haciéndose notar canciones como “Live Again”, la siempre esperada “The Ghoul”, “When the Screams Come” o la coreada “Forever My Queen”, canciones que demostraron no solo la calidad vocal que aún mantiene la leyenda viviente de Bobby Liebling, sino que además la cercanía con el público y con ello, la gran banda soporte de Pentagram, la cual como en ocasiones anteriores, estuvo a la altura de principio a fin.

Pentagram no necesitó demostrar que es una banda histórica, su propio repertorio, entrega y cercanía se encargó de hacerlo. Cada canción parecía cargar con décadas de underground, influencias y músicos que encontraron en su sonido una referencia para construir posteriormente sus propias versiones del doom y del heavy metal, en ello, la figura de Bobby Liebling, entre cigarros y sorbos de licor, terminó de darle al espectáculo ese carácter de supervivencia que ha acompañado a la banda durante buena parte de su existencia. Su historia está marcada por dificultades, interrupciones y períodos de actividad irregular, pero también por una capacidad extraordinaria para permanecer vigente. La propia historia de Pentagram ha sido, en muchos sentidos, tan oscura y accidentada como la música que construyeron.
Setlist:
01. Live Again
02. Starlady
03. The Ghoul
04. I Spoke to Death
05. Sinister
06. When the screams come
07. Sign of the Wolf
08. Dull Pain
09. Review your choices
10. Thundercrest
11. Walk the sociopath
12. Be Forewarned
13. Forever My Queen
14. 20 Buck Spin




















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