
La historia ha sabido darle la razón a Serú Girán como una de las bandas de rock progresivo más importante a nivel mundial, su legendaria discografía durante finales de los 70’s y principios de los 80’s marcan un antes y un después en la música latinoamericana, que termina de alimentar el mito con su reencuentro durante 1992. Las esperanzas de volver a ver al cuarteto con el paso de los años se hacía más imposible y ya era solo un sueño difuso, pero casi de milagro y en honor de hacer el arte algo eterno, David Lebon junto con Pedro Aznar por tan solo una noche revivieron la magia del rock argentino una vez más.

Mucha era la incertidumbre sobre qué era Serú Girán en esta gira, con ambos protagonistas ya en edades avanzadas e imposibilitados de tocar obras de alta complejidad. Todas esas preguntas surgían y pasaban por mi cabeza mientras que Y Vicente con mucha valentía se paró sobre el escenario, donde la inmensidad del Movistar Arena se redujo a su voz y su guitarra, de a poco sentandonos alrededor como en una fogata logrando un espacio seguro en la intimidad y recogiendo las almas desde los distintos rincones del recinto que poco a poco se iba llenando en espera de los trasandinos.

Esos 20 minutos entre el telonero y el plato fuerte de la noche se hacían eternos, pero le hacían justicia a toda una vida esperando este momento, quizás no era con Moro y no era con Charly, pero si era con Lebón y con Aznar, quienes entraron para ser recibidos con una emocionante ovación de pie. Con mucha humildad se acercaron al frente saludando al público chileno marcando su primera visita como Serú Girán y se sentaron con sus guitarras acústicas para interpretar «Parado en el medio de la vida», desempolvando un clásico que se coreó con la voz apretada y con las emociones a flor de pecho.
Con ese inicio quedó claro que sería una noche íntima y nostálgica pero con un tono más folclórico ¿Cierto? Falso, el Movistar se inundaba bajo el mantra de «La Grasa de Las Capitales» mientras que Aznar tomó su clasico bajo fretless y se le olvidó que tiene casi 70 años para darnos una legendaria interpretación de «Frecuencia Modulada», tomándonos por sorpresa y arrancando sin previo aviso una noche donde el progresivo era capitán y DT al mismo tiempo. También dándole la bienvenida a una nueva élite de músicos de acompañamiento, regalando ese aire de juventud necesaria al conjunto y logrando la difícil tarea de revivir por una noche a Oscar Moro y traer de vuelta la magia de Charly.

Motores calientes y arrancando una noche que oscilaba entre éxitos… y mega éxitos. Tonos más claros como «El Mendigo en el Andén» de su disco debut, el constante ascenso de «Canción de Alicia en el país» o el complejo y surreal «Un Perro Andaluz», un repaso donde no importaba cual fuera tu disco favorito de la banda ya que todos serían celebrados por igual. Pero si hubieron momentos de extrema emoción donde hasta el hombre más duro desaflojo un par de lágrimas, la interpretación de «Nos veremos otra vez» puso de frente a las dos leyendas a oscuras y con tan solo una luz que apuntaba directo al corazón del escenario, quebrando a Lebón en llantos con un abrazo junto a Aznar que se sintió eterno.
De apoco David iba soltando sus sus cuerdas tanto de guitarra como vocales, apuntando a una mitad del show donde la interpretación vocal comenzó a brillar tal y como si estuviéramos en los 70’s, con clásicos como «Cinema Verité» y esos arreglos que retumbaban como en una iglesia, «Noche de Perros» volviendo a la complejidad más progresiva que culminó en un solo de guitarra renombrándolo como una leyenda y «San Francisco y el lobo» logrando esos tonos altos que parecían imposible para un hombre de su edad.

Por otro lado, el sonido del bajo de Aznar se reconoce a kilómetros de distancia, y poder escucharlo en vivo es algo que queda incrustado en tu mente para el resto de tu vida, un tono que se ha intentado replicar mas nunca igualar. Con una hora sobre el escenario ya se iba sintiendo de a poco esa sentencia final, y es «Viernes 3 AM» la que por un momento logró paralizar el tiempo con el recinto completo coreando con un final apoteósico y extendido. Un mini set acústico con «Déjame Entrar», cortes pop de «Bicicleta» (1980): «Encuentro con el Diablo» y «Cuánto tiempo más llevará», y un final explosivo con «No llores por mi, Argentina» que puso de pie al Movistar para despedir a estas leyendas.
El público aún pedía mucho más, no bastaba con hora y media de rock progresivo. Bajo esas condiciones, se volvieron a asomar Pedro y David y regalarnos en un encore clásicos como «Peperina» y «Seminare». Las preguntas que me hacía desde un principio sobre que iba a ser esta gira fueron respondidas de inmediato, esto es Serú Girán, porque la ausencia de dos titanes no es suficiente para matar el mito, en una noche que celebró la vida y la muerte. Y aunque la edad no les permite darnos los cortes más complejos de la banda, si nos dio la oportunidad de vivir por primera vez la magia del rock argentino.
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Setlist:
01. Parado en el medio de la vida
02. La grasa de las capitales (Solo introducción)
03. Frecuencia modulada
04. El mendigo en el andén
05. Canción de Alicia en el país
06. Perro andaluz
07. Nos veremos otra vez
08. Si me das tu amor
09. Cinema verité
10. Desarma y sangra
11. Noche de perros
12. San Francisco y el lobo
13. Viernes 3 AM
14. En la vereda del sol
15. Dejame entrar
16. Encuentro con el diablo
17. A cada hombre, a cada mujer
18. Esperando nacer
19. Mundo agradable
20. Cuánto tiempo más llevará
21. No llores por mí, Argentina
-Encore-
22. Peperina
-Encore 2-
23. Seminare





















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