Título: El resplandor de la mugre. The Strokes recuperan la gloria de Nueva York

Autor: Walter Lezcano

Editorial: Santiago Ander

Año: 2024 (originalmente en 2020)

Texto por Lucas Araya

En un texto tan personal y sincero como informativo y agudo, Walter Lezcano revisa un momento crucial en la música de inicios de siglo en el cual un puñado de canciones hechas por un grupo de veinteañeros neoyorquinos dieron forma a un disco perfecto que sería la banda sonora exacta de un cuadro cinematográfico en el conurbano bonaerense, uniendo polos y realidades distantes en un poco más de media hora. Un instante eterno y un álbum que brilla entre el cebo del paso del tiempo sin romantizar lo que ya no existe.

Jim Morrison canta y flota sobre las melodías que Manzarek, Krieger y Densmore dibujan en un cuarto oscuro. Un adolescente cierra los ojos y ve el fuego consumirlo todo en su mente en erupción mientras afuera el arrabal no descansa en su decadencia. En la pared de una cancha de tierra hay un mural con la cara del cantante de los Doors y unos delirantes prenden fogatas ahí en las noches de verano. Suena “People are strange” en una radio en la esquina, en los parlantes de un auto, en los audífonos de un estudiante de intercambio lejos de casa. El precio del  dólar a favor y los viajes al extranjero no forman parte de la rutina de un quinceañero en Sudamérica. Un muchacho con pantalones de cuero y sin camisa camina por los pasajes de la villa a las 3 de la tarde bajo el inclemente sol alucinando con ser Jimbo. Son los años 90. Uno de estos personajes es Julian Casablancas y cambiará el panorama musical en unos años más. Un momento de la vida de Walter Lezcano también está en este párrafo y un día escuchará un disco que cambiará su vida en un cuadro casi circular. 

Imágenes paganas: Una tetera humeante, un paño con cd’s piratas en al suelo, calles sucias anunciando el desastre, torres gemelas y un cielo limpio como postal de un tiempo inexistente, miedo, rabia y hambre. Dos rincones distintos, opuestos, casi, donde dos muchachos existen al mismo tiempo. Uno nació en 1978 y escribe canciones y las graba con su banda en Manhattan. El otro nació en 1979 y escribe poemas en su soledad para subsistir en la periferia de Buenos Aires. Es 2001, el inicio de un siglo que ve cómo el pasado queda enterrado bajo el polvo de las explosiones (del ayer) y los estallidos (del mañana), un suspiro en el cual 11 canciones pueden cambiar el mundo y sanar heridas en tan solo 35 minutos. Esa es una de las historias y visiones que nos entrega “El resplandor de la mugre”

Una declaración honesta y descarnada del autor y una forma de abrir puertas para descubrir su mundo interior y entender la Argentina con una economía agonizante y la costura social a punto de reventar con Is this it como música de fondo para armonizar la tambaleante realidad de los primeros y caóticos meses del siglo XXI. Un momento donde la información todavía demoraba en llegar y el impacto de un tema resonaba en los oídos por meses antes de tener una imagen concreta de quién cantaba o tocaba la guitarra. Daba lo mismo. La música era (y es) la clave del encanto de una ciudad imaginaria y utópica desde la cual emanaba el imaginario callejero de los Ramones, las citas humorísticas de Seinfeld o Friends o la leyenda volátil de The Velvet Underground y el CBGB’s.

¿Cómo pueden conectarse y coincidir dos personas que viven realidades (en apariencia) totalmente distintas? La respuesta está en el poder de las canciones y el amor y la pasión por la música. Esa data está en cada párrafo de este libro. En todas sus páginas. Acá encontramos formas impensadas de atar cabos y cerrar círculos y entender sonoridades que se recorren de manera similar, a pesar de las distancias y las no-coincidencias. 

Leer “El resplandor de la mugre” es una oportunidad de comprender los orígenes llenos de privilegios, sufrimientos y adicciones de Julian Casablancas. Es también una forma de conocer las influencias musicales de cada miembro de The Strokes y el camino recorrido para combinar el heavy metal con el grunge y el punk en una licuadora en la cual Jim Morrison y Eddie Vedder entran en la ecuación antes que Lou Reed y Television, con un desglose y una deconstrucción lírica, artística, contextual y emocional de cada una de las aristas que dan forma a un disco debut que remeció la industria musical estática, donde las variaciones del nü metal deslavado y el soft punk despojado de contenido político, social y estético se extendían por las pantallas y los parlantes con famélicas fuerzas.

En un mundo donde la solitud, el aislamiento y el desamparo parecían ser la norma frente a la avalancha de incertidumbre, una pandilla de pelucones con guitarras eléctricas volvían a traer la fe, la fuerza y la certeza de que la música puede salvar. Así se veía, al menos, en las fotos que llegaban en gotera o en los video clips que comenzaban a inundar los canales musicales con imágenes en vivo de cinco tipos dejándolo todo en escenarios pequeños y vintage, diseñados para ser destrozados a punta de volumen, carisma, energía y frenesí. Así daban ganas de ser parte de una banda y absorber esa bola de nieve caliente, aunque fuese en el living, la cocina o el patio de una casa en algún barrio periférico de una ciudad latinoamericana, siempre con la música como motor  principal. La tabla de salvación estaba ahí mismo, y Walter Lezcano nos habla de eso y mucho más en este ensayo que se lee tan vorazmente como la primera vez que nos enfrentamos al bigbang de The Strokes. Un gusto por partida doble: escuchar un disco hermoso e inmortal y leer un texto franco y directo.

Sin saberlo, fuimos, somos y seremos protagonistas de nuestras propias versiones del video de “Someday”. Usted decide si hay nostalgia o es el simple placer de disfrutar de melodías impecables.

El que escribe estas palabras también está en el párrafo inicial y también escuchó Is this it en tiempo real. Leer este libro es también descubrir que amamos y vivimos (casi) lo mismo, al unísono. 

Puedes conseguir una copia de este gran trabajo en Santiago en el siguiente enlace: is this it en la periferia 

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