Texto por: Claudio Tolosa

Fotografías: Catalina Catus

En un Santiago de clima cambiante, donde sales temprano, ya al mediodía te pide una capa de ropa menos y al final del día te vuelves a tapar porque amenaza la lluvia, la jornada pedía un refugio seguro. Así recibió la capital este evento especial: con una atmósfera donde la temperatura exterior variaba, pero adentro el clima humano se mantuvo idéntico de principio a fin, vibrando con pura alegría y entusiasmo para celebrar al ska y a su gente.

La cita fue en el céntrico Teatro Coliseo donde ya desde las 19:30 se abrieron las puertas para recibir al público, que poco a poco ingresaba para disfrutar de la jornada.

Aunque al principio el recinto se fue llenando paulatinamente, el talento y la calidad interpretativa no tardaron en caldear el ambiente. Con cortes como «Tranquil» e «Intermareal», Pulso Gaiano  lograron disipar cualquier rastro de frío exterior, transformando la curiosidad inicial en aplausos y convirtiéndose en los primeros motores de una atmósfera que prometía una noche de alta intensidad.

El primer gran plato fuerte de la noche llegó con los legendarios The Skatalites. Ver sobre las tablas a los creadores de gran parte de este sonido es siempre un viaje al corazón de Jamaica. Con una maestría instrumental inigualable, la emblemática agrupación ofreció una verdadera cátedra de groove, jazz jamaiquino y arreglos impecables. El público no paró de bailar ni de tararear cada canción, encendiendo el recinto con una energía desbordante. Tras hermosos y cálidos momentos, Álvaro Henríquez subió al escenario para interpretar junto a ellos el clásico «Un amor violento». Cada solo de vientos y cada golpe de ska clásico transportaron al Coliseo a una dimensión donde el tiempo no pasa, demostrando por qué las grandes leyendas siguen haciendo bailar a varias generaciones al unísono.

La energía inagotable de Juantxo Skalari

Con la temperatura ambiental al rojo vivo tras la cátedra jamaiquina, Juantxo Skalari & La Rude Band tomaron el relevo para impregnar el recinto de esa inconfundible y combativa «trinchera vasca». El músico demostró una vez más su estrecha y fiel conexión con el público chileno. Su presentación fue un torbellino de actitud punk-ska, himnos de resistencia y estribillos coreados a pulmón herido por un público entregado que no paró de saltar en ningún momento, desafiando cualquier frescura de la noche santiaguina con pura elegancia y potencia sobre el escenario.

Así, la jornada del jueves 22 de octubre quedará grabada como una noche redonda. Aquel clima exterior inestable que amenazaba con la lluvia quedó completamente olvidado ante la calidez de un público encendido. Entre la frescura de los locales, el peso histórico de unas leyendas del ska y la potencia combativa de Juantxo, el teatro Coliseo demostró ser el mejor refugio para una cultura que se niega a enfriarse o a envejecer: una fiesta de hermandad, colores y ritmo donde el alma del ska latió abrigada y más fuerte que nunca.

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