
Texto por: Tomás Bascoli
Fotografía por: Joselyn Heyden
Volátil primavera en Santiago de Chile y la cartelera de conciertos se sigue ampliando junto al, supuesto, buen clima que comienza tímidamente a asentarse en la región. En un fin de semana lleno de espectáculos, en el Teatro Coliseo se vivió una nueva comunión fraterna entre el público chileno y la banda argentina Eterna Inocencia que, nuevamente, volvía a nuestro país para celebrar los 25 años del disco “A Los Que Se Han Apagado” (2001), una de las placas más icónicas de su carrera.
Ante un teatro colmado y con una temperatura tanto o más que la superficie de sol, los chilenos Tenemos Explosivos se encargaron de abrir el espectáculo consolidando, una vez más, la excelente relación fraterna que se ha ido construyendo entre los locales y los argentinos.

Tras una correcta, explosiva y potente presentación, característica de Tenemos Explosivos al entregar alma, cuerpo y corazón arriba del escenario, la ansiedad expectante crecía a medida que se acercaba la hora prevista para el comienzo del plato principal, espera que se tendría que respetar por un notorio atraso de ambos shows.
Con casi una hora de desfase, y luego de un video introductorio proyectado en la pantalla del escenario, comenzaron a aparecer, uno por uno, los integrantes del quinteto argentino: Germán Rodríguez en la batería, Tomás Portela y Roy Ota en guitarras, Alejandro Navajas encargado del bajo y el vocalista Guillermo Mármol. Y así, entre silbidos, gritos y aplausos se sucedieron rápidamente las tres primeras canciones que hicieron convertir al Teatro Coliseo en una explosión fraterna entre público y banda, que contaba con ese riff cantando por el respetable en señal de conexión total.

“Cassiopeia” fue un coro gigante acompañado de aplausos y palmas constantes, mientras que el crowd surfing ya se establecía como un mínimo obligatorio ante cualquier manifestación sonora del quintento. ¿Los participantes? Se turnaban entre el público y el propio vocalista de Eterna Inocencia. “Gracias Santiago, buenas noches y ¡qué manera de cantar! Vamos a hablar acerca de los que nos precedieron a nosotros, pero también vamos a bailar”, comentaba Guillermo Mármol antes de comenzar con “Trizas De Voz”.
Acá, uno entiende completamente lo que ocurre con las canciones de Eterna Inocencia que se aparecen, entre tanta gente, proyectadas del escenario con músculo, corazón y emoción, y el público así lo entiende, lo siente y lo comparte. Esa conexión hace que este tipo de recitales vibre en otra frecuencia etérea, como lo que ocurrió con “A Los Que Se Han Apagado…”. Un grito comunitario al cielo, que fue respondido por Guillermo con un: “nos da tanta gratitud que canten con tanta fuerza.” “La Empresa Del Naufragio” y “Golpes Secos” alimentó la energía de un pogo que ya se hacia transversal en cancha junto a un público que ya estaba entregando cuerpo y alma ante la avalancha de emociones que se desprendían del quinteto trasandino.

Frente a un lienzo que tenía escrito “la vida es eterna en cinco minutos”, una clara referencia a Victor Jara, Guillermo nuevamente se detuvo a dedicar unas palabras a todas y todos: “Chile, país de poetas, de cantautores, y ahí hay una frase que nos identifica. Lo más preciado que tenemos son las cuerdas vocales, las cuerdas de la guitarra.” Antes de lanzar “América” y hacer una mezcolanza en cancha que tuvo, casi al mismo tiempo, pogo, gritos y más de un crowd surfing. El sonido, a esta altura de la noche, despejó las dudas iniciales y se convirtió en algo avasallador, atropellante a ratos. Una bola sonora de energía imparable y eso se transmitía, plenamente, a quienes estábamos en el teatro.
Previo a “La Risa De Los Necios”, el vocalista lanzó una crítica comentando que “me gustaba más la risa de Boric, esta de ahora como que viene con algún engaño.” Ante la respuesta eufórica del público que, una vez más, vitoreaba al cielo el ya clásico eufemismo contra el presidente de turno. Un coro celestial con frustración.

Tras la explosiva interpretación coreada de “Puente De Piedra”, Guillermo nuevamente reflexionó frente al público: “Si una historia no te hace reír o llorar, no vale la pena contarla. Nosotros somos una banda que siempre ha querido esto: contar la historia de nosotros y la de los demás.” En un punto bien analítico del vocalista argentino.
“Voces Inmóviles” vino antecedida por una sentida dedicatoria a Omar Acosta, músico chileno relacionado a BBS Paranoicos y fallecido hace ya dos años. En palabras del propio Guillermo: “con esta canción quiero tributar a la enorme cantidad de poetas chilenos que tienen.” En otro momento de profunda emoción comunitaria, que terminó rematando con “ustedes saben que desde hace años esta banda construyó un lazo indestructible con este hermoso pueblo, la fuerza que le imprimen a cada tema no se puede creer.” Así, “Weichafe Catrileo” cobró más sentido cuando comenzaron sus acordes, los cuales fueron acompañados por una bengala furtiva que se prendió en mitad de la cancha. De todas formas, el propio vocalista llamó a tener cuidado y a apagarla en cuanto antes entre los versos de la canción.

Con el alma, cuerpo y la energía ya en éxtasis cansino, “Nuestras Fronteras” llegó para ir comenzando a cerrar el show en lo más alto. Cantada casi en su totalidad por el público mientras Guillermo apuntaba el micrófono hacia la cancha y, luego, lo dejaba de lado para abalanzarse arriba de la masa uniforme que colmaba el teatro. Caería el telón con las últimas interpretaciones para desalojar rápidamente el teatro y volver a la realidad cotidiana de la noche santiaguina.
El vocalista de Eterna Inocencia lo mencionó: “tenemos un lazo indestructible”, y así se sintió esta nueva visita de los argentinos a nuestro país. En un concierto en donde se coloca todo el músculo y corazón en cada canción, tanto público como banda, convirtiendo nuestras tristezas en canciones. Un ritual, una cofradía entre ambos elementos que se inyecta de una energía sublime a punta de una lírica sensible y crítica, una real comunidad fraterna que se abraza, cada vez que se ven, como si fuese el fin del mundo. Eterna Inocencia lo ha hecho una vez más y ha colocado, nuevamente, otro cimiento sólido para seguir acrecentando su relación con Chile. Y si, realmente es un lazo indestructible.




















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