Texto por: Lucas Araya

Fotografías: Camilo González

Crónica en primera persona de una alta sesión de espiritismo y Stoner Rock

La Sala CEINA del Centro Cultural Alameda arde mientras la psicodelia oscura gira en el precipicio de una atlántida de inframundo. Los tres jinetes del universo lento y real inician la travesía hacia la épica más densa de las tres décadas de la historia de Yajaira

Sam, Seba y Comegato sobre el escenario, estalla la efervescencia. Reverberaciones en círculos, modulaciones púrpuras y grises rebotando como flechas de piedra y sal a la par de la descarga de «Epopeya» y la tormenta atronadora de «Algo se está quemando». Un tornado hecho música con el bajo penetrando las paredes y desbordando la piel, el trío transformado en un corazón salvaje desatado, un dragón de tres cabezas lanzando su fuego negro e incinerando el aire sin parar.

El vacío aquí  no existe. Yajaira llena todo el espacio y el tiempo con su eternidad sónica y sanguínea. «Las pestes» es la descarga brutal de poder y potencia. La voz salvaje de Sam vuela entre los insectos imaginarios que brotan de las palabras de Comegato y Sebastián Arce se mueve como un pulpo indomable sobre los parches y los platos. Una tempestad perfecta y estruendosa. 

Los golpes  eléctricos de «Cuerpos extraños» avanzan lentamente y resuenan como patas de elefantes de mármol redoblando con pasos gigantes sobre las almas que se entregan a la euforia en el viaje sin freno, flotando, sentados, levitando en el éter sonoro. Sonreír con los ojos cerrados y los brazos en trance es la pequeña muerte sensorial. Un paso es necesario para aterrizar con «Vuelta al sol» y enredarse en sus hojas de algodón vibrante y nadar en el río suave del elixir psicotrópico. El placer de un viaje espacial en el tiempo sin fronteras.

Mientras todo vibra al calor de las llamas internas, animales, máquinas, humanos, naturaleza pasan en tonos tentadores sobre el telón de fondo en la odisea interminable de existir en los parlantes y los parches cuando «Siglos de opresión» y «Monolítico» derriten las ondas sonoras. La luna llena afuera, el sol ardiendo al interior de CEINA, el eco de tres seres que transpiran música. Los mejores, siempre.

Los barcos de batalla llegan a puerto con unas de las primeras composiciones del trío emblemático hace casi treinta años y «Odisea» se completa en un estallido abrasador, tres volcanes detonando al unísono en un momento mágico hacia la gloria sin fin. Luego de experimentar el sonido actual de Yajaira, es momento de abrirse al eterno retorno a la matriz, la nave nodriza, el inicio de todo. Rincones subterráneos de Santiago, imágenes paganas de cemento. «Corre, respira, descansa». Flecha, Comegato, Sam en pleno vuelo. Irrumpen «Escucha el viento» e «Indecisión» y en un movimiento rápido todo tiene sentido. La inquietud sonora y la visión lírica han sido la misma banda sonora de la marcha por el desierto de concreto y la coherencia de Yajaira toma más fuerza aún mientras la galaxia gira y nosotr@s también.

Entregarse al son de «Cae» es descender en el groove y volar como sombras en el ritual de las aves lunares. La noche es luminosa sobre el escenario, en las gargantas y en las venas. El juicio final cae con el peso de la eternidad. La serpiente antigua se devora así misma para volver a nacer, pero si está es la última cena, me voy feliz. Me voy a casa porque el ruido, los acoples y el volumen son mi hogar. Me hundo en las llamas de la epopeya que nunca se extingue. Aplaudo y doy gracias por haber existido al mismo tiempo que estos tres demonios han hecho esa música que hipnotiza, encanta e inunda todo con su hechizo. Yajaira por siempre y para siempre.

Puedes revisar nuestra galería fotográfica de este evento aquí


Zumbido.cl

0 Comments

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *