
Texto por Vanessa Pérez
Desde sus inicios en la escena del K-indie rock hasta su consagración internacional, The Rose ha transitado cada etapa de su carrera con una honestidad que no se puede fingir. Su historia no es una convencional: pasaron de tocar en las calles del barrio de Hongdae, el corazón independiente de Seúl, a presentarse en escenarios tan icónicos como Coachella y Lollapalooza.
Pero más allá de los hitos, The Rose ha sido, para muchos, un refugio. Un hogar sonoro donde las emociones encuentran su forma. Por eso, Black Rose en Chile espera con ansias su regreso.
Desde su última visita en Lollapalooza 2023, el público ha mantenido viva la conexión, mientras el amor solo crece, y este 10 de agosto en el Teatro Caupolicán, el reencuentro promete sentirse como un abrazo colectivo.
El tour “Once Upon a WRLD” es la continuación de la historia que la banda comenzó a contar con su más reciente álbum, “WRLD”. Y para celebrar este momento, queremos detenernos a visibilizar esa obra que representa una evolución profunda. Un disco breve pero inmenso, que sitúa la voz, y todo lo que ella contiene, en el centro de su universo.

Un disco que susurra y florece
La fuerza de “WRLD” brota desde el susurro, desde lo no dicho, en esa respiración que aparece desde la primera canción, “숨” (aliento, en coreano), que funciona como una entrada suave, casi ritual, a un paisaje emocional contenido. La instrumentación es mínima, casi transparente, para que la voz respire libre.
A partir de ahí, todo fluye como un río intrínseco: las melodías se deslizan entre lo acústico y lo atmosférico, y la producción, aunque pulida, se siente cálida y cercana, como si estuviéramos en la misma habitación que ellos.
Canciones como “Nebula” y “Tomorrow” amplifican esa sensación de intimidad luminosa. Son piezas donde la esperanza no se impone, sino que se insinúa; donde el amor no se proclama, sino que se reconoce en los detalles. Hay algo de folk, algo de pop alternativo, algo incluso de country en ciertas texturas, pero más allá de los géneros, lo que define al álbum es la unidad emocional y la historia que recorre sus siete canciones.
E incluso, en esta experimentación y fusión de géneros, The Rose siempre vuelve a sus raíces: canciones como “O” retoman ese piano conmovedor que ha acompañado a la banda desde su debut, y lo entrelazan con voces potentes y letras que abrazan y contienen. En este tema nos revelan la O que nos falta en el nombre del álbum. Entre coros, se descubre que la letra que faltaba somos nosotros. “We are the world” nos dicen. No hay divisiones, no hay colores: somos uno solo.
“Nevermind” y “Slowly” muestran otra faceta: un sonido más relajado, con groove suave con sonidos de blues, que invita a soltar, a caminar con menos peso, a tomar las cosas con calma.
Y hacia el final, “Ticket To The Sky” funciona como una despedida íntima pero sin tristeza, el último susurro de esperanza que llega a nosotros como una carta de amor.
Si algo distingue a “WRLD” dentro de la discografía de The Rose es el protagonismo absoluto de las voces. Aquí no están solo para interpretar melodías: están para narrar, para sostener, para temblar.
El contraste entre la voz rasposa y emocional de Woosung y la calidez nostálgica de Dojoon alcanza un nuevo equilibrio, reforzado por las armonías de Taegyeom y Hajoon, convirtiéndose en una sola voz potente, y un conjunto en donde hasta los silencios narran también. No es un álbum de grandes estribillos ni de explosiones sonoras, como lo fue su anterior disco “Dual” (2023). Es una obra que se siente, se habita, se respira y te acompaña.
Y es ese mismo espíritu el que se espera que inunde el Teatro Caupolicán este próximo 10 de agosto, cuando The Rose regrese a Chile. Será una noche para reencontrarse con lo esencial: con la música como refugio, con la voz como hogar, con esa belleza que no necesita traducirse porque habla directamente al corazón.
The Rose en Teatro Caupolicán
Entradas disponibles en Sistema Punto Ticket
Produce: Lotus Cl





















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