Texto por Franco Zurita

La banda más colorida del punk británico anuncia su retiro definitivo de los escenarios y después de 45 años de carrera, The Adicts se despide con una gira que promete ser el último gran pogо bajo la lluvia de confeti.

Mientras el punk explotaba con rabia las cloacas de Londres, por allá a fines de los 70’s, un grupo de amigos, inspirados en “La Naranja Mecánica”, decidieron que la revolución también podía ser una fiesta. Y vaya que lo fue. The Adicts nunca fue una banda política, o no al menos como se le exigía a bandas del género. No les importaba Thatcher, ni hacer la guerra con algún personaje ligado a la contingencia, más bien, su mensaje era simple y efectivo: Todo esto es una mierda, así que, bailemos y celebremos hasta que el mundo se desintegré. De esa manera, lograron mover a un ejército de payasos quienes se unieron a este circo del caos en contraposición a la esperanza y amabilidad de un mundo en decadencia. 

Y mientras los punks de la vieja escuela se empeñaban en parecer más duros que nadie, The Adicts salió a escena con maquillaje de payaso, botas y suspensores, inspirados en el clásico de Kubrick, convirtiendo la distopía en carnaval en medio de consignas pegajosas y una banda sonora de guitarras con la sensación de que, si el futuro era una mierda, al menos teníamos que pasarla bien. Porque en el fondo, el punk siempre fue eso: encontrar tu lugar.

«Viva la Revolution», «Joker in the Pack» o «Smart Alex», son a estas alturas, himnos que nunca pretendieron serlo. Melodías que se clavaron en el cerebro, dándole a The Adicts una particularidad que pocas bandas punk de la época lograron destacar, que es la capacidad de ser agresivos sin perder el sentido de la armonía. Se puede ser crudo sin ser tan ruidoso y lo más importante: te puedes divertir, sin ser un estúpido. Su sonido, una coctelera explosiva de punk rock, pop y glam los hizo inclasificables. Demasiado punk para los poperos, demasiado pop para los punks. Justo donde querían estar.

El impacto de The Adicts en la música va más allá de las ventas o sus clásicos. Su legado es pura actitud. Demostraron que el punk no tiene que ser algo oscuro ni triste. Que se puede llevar el género a otra dimensión sin traicionar su esencia. Que la fiesta es, en sí misma, un acto de rebeldía cuando el mundo se empeña en joderte, y generaciones enteras de bandas han bebido de esta fuente. Desde el punk rock californiano más melódico hasta el street punk más ruidoso, todos le deben algo a estos payasos rotos del Reino Unido.

Ahora toca bajarse del escenario y su «Adios Amigos Tour» es el punto final de una historia que empezó hace casi medio siglo. Y ojo, porque no es un adiós de esos que luego resultan ser un «hasta luego» camuflado (Aunque lo pareciera después de fijar su despedida en un concierto el año recién pasado) . Esto es en serio. Monkey y toda su tropa han decidido que la fiesta termine cuando aún están a tiempo de ser recordados en su mejor momento. Para los que alguna vez saltaron junto a la banda mientras el papel picado caía del techo, esta gira es la última oportunidad de rendir el tributo que se merecen y para los que no, este es el momento de entender el valor detrás de The Adicts. Se van pero su huella queda. Porque mientras haya un desadaptado con ganas de bailar, mientras alguien necesite una excusa para sonreír en medio del desastre, ahí estarán ellos. En el recuerdo. En los vinilos y en la alegría que provoca la celebración y el caos.

Que viva la revolución y que viva la fiesta.

Este próximo 22 de marzo viviremos esta última celebración junto a The Adicts en el Teatro Coliseo. Hay entradas 2×1 en PuntoTicket.


Zumbido.cl

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