
Texto por: Ricardo Arredondo
Fotos por: Ignacio Ardeno
Dejamos por un día los instrumentos y la música para sumergirnos en un mundo de fantasía. La cita fue con Agustín Aristarán, más conocido como Soy Rada, quien volvía a Chile con su espectáculo Tarán. El multifacético artista argentino, en sus largos años de carrera, ha demostrado sus dotes de mago, actor, humorista y cantante. Esto último es lo que teníamos más presente, pero esta vez, sorprende con un show que tiene como base el humor, y que junto a eso, tiene tintes de magia a lo largo del espectáculo.
La escena es sencilla. Se ve un globo rojo con helio, un sobre colgado, una pequeña maleta sobre un atril, y una mesa al costado. Durante la primera mitad del show, podemos ver una rutina de cuerdas, que comienza con un aro que penetra y sale de la cuerda, para luego hacer diferentes piruetas, aparentemente imposibles, que no lograban resaltar demasiado en un relato que sacaba y sacaba carcajadas. El humor se robaba la escena. Continúa, dejando con un efecto que involucra a todo el público y el uso de sus teléfonos, que fue probablemente la magia que causó un mayor impacto en el espectáculo, ya que todos lo vivieron en sus manos, con una claridad única.
El show sigue con un bloque de stand-up donde podemos ver el histrionismo de Rada y su increíble capacidad para contar historias. El momento de la historia de la demanda de Tolkien, es hilarante. Luego de este bloque, vuelve a retomar la magia con dos clásicos de la disciplina, un truco con cartas, y otro que involucra a un globo. La idea tampoco es dar muchos detalles y no caer en spoilers.

Luego viene un bloque de mentalismo con su personaje Esnerto Sarrasqueta, el personaje que pudimos ver en su especial de Netflix, y que continúa presente en su actual show. Aunque aquí hace una serie de efectos de magia que en la teoría son muy buenos (y que podrían funcionar perfecto si nos enfocamos 100% en ellos), el personaje de Esnerto es tan divertido (incluso jugando al borde con chistes que pueden ser ofensivos) y está tan bien logrado que opaca y deja pequeñita a la magia, que pasa totalmente a un segundo plano. Esta fue la tónica durante prácticamente todo el show, en que la comedia se come a la magia, y no logran convivir sin que la risa opaque al asombro. No es algo fácil de hacer, para nada. Y que incluso a un personaje de gran trayectoria y tablas (como Rada) le cueste congeniar esto, es una clara muestra de ello.
Un break con su clásica intervención musical con las campanas, para luego hacer un bloque de magia de cerca. Tres trucos clásicos, con una ejecución que aunque no sobresale, cumple. Este bloque, se vio muy opacado con la técnica del show. La pantalla de apoyo era muy pequeña y no ayudaba mucho, por lo que era muy complejo de ver la proyección de lo que pasaba en la mesa.

En el final, Rada nos invita a vivir un sueño con un gran truco de magia final. Tanto en este truco de cierre, como en una gran cantidad de truco de magia, se puede ver el descanso en presentaciones muy tradicionales, lo que (cuando eres consumidor de espectáculos de magia) no deja de llamar la atención. Sobre todo, considerando que Rada es un personaje de una gran creatividad, cuesta entender que (ayudado además de dos grandes magos asesores) no le dé una vuelta más a la presentación de los clásicos juegos de Tabary, Carlyle-Williamson, Aronson, la lectura del dadoo el hilo gitano. Claramente son elecciones personales, pero con la creativa mente de Agustín, seguro habría mucho de donde crear piezas que pudieran ser más personales y únicas.
De todos modos, en su gran mayoría, el público claramente no va buscando la novedad, algo rupturista o que sea único a nivel de magia. La gente va a ver al Rada performer. La gente va a pasarlo bien. Y en ese sentido, el trasandino demostró con creces que cuenta con un público fiel que lo sigue a todas partes y que con el mínimo gesto o palabra, se retorcerá de la risa. Si no eres un fanático, quizás te cueste un poco entender, pero finalmente es cosa de gustos. Él plantea su mundo de locura, y eres tú quien decide si entrar o no.





















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