Nota por: Franco Zurita

El caso de Social Distortion es un tanto especial dentro de la historia del punk rock. Nacieron en Oregon a finales de los 70’s en medio de la violencia de una escena que maduraba sus propios frutos, pero mientras sus contemporáneos permeaban la rabia a través de la velocidad y la precisión rítmica, Mike Ness y compañía prefirieron desacelerar e introducir sonidos derivados del rockabilly, el blues y el country. Esta mezcla terminó por consolidar su sello a través de historias de calle y de supervivencia.

A diferencia de la ola de bandas californianas que reventaron las listas en los 90’s, a punta de rapidez y estética juvenil, Social Distortion mantuvieron un estilo clásico. No anticuado sino más bien, lleno de experiencia y actitud. El impacto de «Mommy’s Little Monster» (1983) hasta la consolidación de su disco homónimo “Social Distortion” (1990) y «Somewhere Between Heaven and Hell» (1992) definieron su sonido sostenido entre guitarras Les Paul acopladas a amplificadores de tubo con riffs marcados a fuego y la voz áspera de Ness.

Esa identidad se impregnó en nuestro país de una manera muy específica y como es común dentro de la escena local. Una banda de la escena punk norteamericana que nunca había pisado Chile tenía que circular de manera clandestina en tocatas y conversaciones entre amigos que entre sus colecciones personales aprendieron los acordes de «Story Of My Life» o » Bad Luck». Porque a pesar de que la escena y la realidad local diera espacio para la rabia y la urgencia, Social Distortion nos mostró el lado más humano del punk rock y nos enseñó acerca de cosas más crudas que cualquier grito de protesta.

Por eso su debut en Chile es algo legendario. Dentro del desfile interminable de bandas históricas que se han paseado por nuestro país (incluso en más de una ocasión), ver a Social Distortion se convierte fácilmente en un hecho trascendental para la escena punk local. El solo hecho de ver a Mike Ness parado frente al escenario es ver un ejemplo de resistencia, una figura clave de la escena que sobrevivió a la muerte y la pérdida de engranajes vitales de la banda pero que se mantiene erguido y más fuerte que nunca demostrando que el rock & roll y la rebeldía no tienen fecha de caducidad.

Nos vemos el 17 de noviembre en el Teatro Caupolicán para vivir y cantar a todo pulmón todos los clásicos de Social Distortion, incluido parte de su último trabajo “Born To Kill”,en su primera vez en nuestro país.

Quedan las últimas entradas a través de Puntoticket. Produce: Monkey Chile.


Zumbido.cl

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