
Texto por Franco Zurita
Fotografías por Claudio Escalona
Hay voces que son parte de toda una generación. Sonidos que funcionan como cápsulas del tiempo, capaces de devolvernos de golpe a la intensidad de una pista de baile o al refugio de unos audífonos en una habitación de los años 80’s . Es en este contexto, que anoche, el Teatro Caupolicán transformó la jornada en una verdadera fiesta, para recibir a Andy Bell, el corazón palpitante de Erasure y uno de los estandartes más honestos de la cultura pop global. Un show completamente agotado, que sirvió como antesala para su presentación en el Gran Arena Monticello.

Ante un calor asfixiante y un recinto completamente desbordado de fanáticos, la previa fue ambientada por un set completamente ad hoc a la época. Depeche Mode, New Order y otros clásicos ochenteros dieron ritmo a la jornada calentando aún más el ambiente en el Caupolicán. Los minutos pasaban y la tensión iba creciendo hasta que llegó el momento más esperado por todos los presentes. Entre gritos, aplausos y la euforia descontrolada de la fanaticada, Andy Bell pisó el escenario acompañado de sus músicos para iniciar esta velada con la pulsación sintética de «Breaking Thru the Interstellar» y fue el puntapié inicial perfecto para una mágica noche. Bell con su prodigiosa voz, tan cálida y expansiva, sigue mirando hacia a las estrellas, desafiando el paso de las décadas. Tras este esperado regreso, con una elegancia y presencia magnética, los sintetizadores dibujaron los primeros acordes de «Blue Savannah», la primera pieza de Erasure que remeció la noche, alcanzando el primer clímax de la jornada, convirtiendo el recinto en un coro masivo y profundamente conmovedor.

El setlist fue un equilibradamente delicado y brillante. Andy no se limitó sólo a beber de su pasado; sino que también recorrió su carrera como solista con piezas de una factura impecable. «Don’t Cha Know» y la vibrante «Dance for Mercy» inyectaron una energía fresca y moderna, demostrando que su creatividad sigue tan brillante como siempre. Mención especial para «Heart’s a Liar», canción en colaboración de Blondie, quien fue interpretada por su corista Chelsea Blankinship en un momento de introspección que permitió apreciar los matices más dramáticos y maduros de su trayectoria. Sin embargo, el magnetismo de Erasure es una fuerza imparable de la naturaleza. Con la interpretación de «Drama!», el teatro pareció crujir bajo el peso de la euforia colectiva con himnos que son parte del ADN emocional de toda una generación: «Chains of Love» y la emocionante «Love To Hate You» lograron traspasar esa barrera invisible entre el artista y el público quienes en completa comunión, celebraban la identidad, el amor y la supervivencia. Ya en la última parte del show y en medio de una electrizante atmósfera, la ráfaga de éxitos fue implacable. «Victim of Love» y el ritmo juguetón de «Stop!» mantuvieron la temperatura en un punto de ebullición, preparando el terreno para lo inevitable.

Tras un breve respiro, Andy Bell regresó al escenario visiblemente emocionado para un cierre definitivo. Y como no podía ser de otra forma, «A Little Respect» fue el himno, interpretado no tan solo por el músico, sino por todos los presentes que transformaron el Caupolicán, es un grito colectivo. Una marea de brazos en alto y nudos en la garganta acompañaron a Andy en esta última interpretación devolviéndole todo el amor que ha sembrado por décadas, terminando así, una noche de ensueño.

Con un Andy, visiblemente emocionado y entre la ovación total del público, una de las voces más importantes del panorama pop global se retiraba del escenario con una complicidad palpable dejándonos el alma encendida y el corazón lleno de admiración y respeto, que más allá de lo musical, es su legado más profundo.





















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