
Texto por: Franco Zurita
Fotografías por: Camilo González
Anoche, en medio de los oscuros y cálidos pasillos del subsuelo capitalino, y tras 17 años, Nicole regresó a la mítica Blondie. Un escenario que la vio crecer en sus distintas etapas y que en esta oportunidad, fue el lugar predilecto para cerrar un 2025 que quedará marcado como otro gran año dentro de toda su carrera. Un año en dónde continuó celebrando los 30 años de su magnífico “Esperando a Nada”, repletando nuevamente Movistar Arena y en dónde formó parte de la parrilla en el show de Lionel Richie, por lo que esta cita en Blondie funcionó como un epílogo de este recorrido. Más íntimo, cercano y con menos pirotecnia, pero sin lugar a dudar, muy especial.

A pesar de la reprogramación, no fueron pocos los fanáticos que se apostaron temprano en el recinto, inundando los pasillos de la Blondie a la espera de la reina. Y tras unos minutos de intensa espera, un telón de luces iluminó la escena para la entrada de Nicole. Luces, flashes y todo el glamour para nuestra diva del pop nacional quien comenzaba la jornada con guitarra en mano y la interpretación de “Hoy”. “Entrelazados” y “Culpables”, llegaron entre otras joyas para viajar a través del imaginario pop de la cantante en medio de su dulzura y sensualidad. Nicole sigue teniendo ese timbre terso y exacto que fue su sello desde los noventa. Se sostuvo en la precisión con un manejo que convirtió varios de sus himnos, en confesiones algo más cercanas. Todo esto, por supuesto, acompañado de un público que respondió con la voz y el cuerpo en medio de un cariño recíproco.
La puesta en escena dejó en evidencia un equilibrio espectacular. Iluminación sobria, una banda que acompañó con pulso y texturas y algunos instantes donde la voz de Nicole brilló desnuda, como una confesión en cámara lenta. No hubo grandes sorpresas, pero sí algunos arreglos que le dieron frescura a los clásicos y momentos memorables a lo largo del set.

Y cuando los latidos ya estaban sincronizados entre el escenario y la pista, “Viaje Infinito” cayó como un portal interdimensional hacia los años dos mil. Cómo un eco generacional, ese que siempre acompaña a Nicole y que hizo que la Blondie vibrara con una nostalgia luminosa. El público la siguió con fervor, casi como un huracán de cuerpos meciéndose en cada giro melódico. Más tarde, “Esperando Nada” volvió a demostrar por qué es y sigue siendo un clásico indiscutido: la canción se expandió por todas las paredes del club como un recuerdo eléctrico, uno que tantos parecían haber guardado en la médula durante largos años. En esos minutos, Nicole reafirmó ese extraño poder emocional que su repertorio tiene sobre quienes crecieron con él.
Y cuando el final comenzó a asomarse tímidamente, “Dame Luz” apareció como un abrazo suave entre tanta euforia acumulada. Con un arreglo más cálido, casi flotante, funcionó como una pausa luminosa antes del golpe final. Porque sí: el cierre llegó con “Sin Gamulán”, que fue celebrada como un himno transversal, desatando esa locura que sólo la Blondie sabe sostener en medio de su místico universo. Nicole se despidió envuelta en una mezcla perfecta de ovaciones, sudor, gratitud y un brillo genuino.

Lejos de las grandes multitudes, solo una artista en plenitud reencontrándose con un espacio que la vio nacer, y un público que la recibe como se recibe a los que siempre han estado ahí acompañándote. Con la certeza de que, aunque pasen los años, el vínculo sigue intacto.





















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