
Texto por Franco Zurita
Existe una verdad incómoda pero profundamente hermosa en el hardcore: las raíces importan, pero la persistencia y la perseverancia, la redefinen. Si bien existen nombres como los de Madball, Strife o Earth Crisis, bandas fundacionales de la movida norteamericana, no todos los pilares fueron colocados en estos cimientos. Algunos se alzaron años después, para sostener el peso de una escena, volviéndose piezas esenciales de esta estructura. Dicho esto, una de las bandas que toma, y de la mejor manera, esta posta generacional es Terror, quienes liderados por un veterano de la escena, el señor Scott Vogel (quien ya tenía un presente con bandas como Slugfest, Despair y Buried Alive) fueron los encargados de sostener y ganar nuevos adeptos a una corriente que se emancipaba por allá a comienzos de los 2000. Y aunque en el papel suene como a “otra banda más que se sumó a un movimiento”, ¿quién se atrevería a observar el hardcore moderno sin la silueta inconfundible ni el eco inmortal de los himnos de Terror?

Porque la historia de la banda no es la de quien descubre la pólvora, sino la de quien se encarga de detonar los explosivos. Mientras la escena se fragmentaba en subgéneros y el naciente «metalcore» era el mainstream de aquellos años, Terror se convirtió en el muro de contención de una movida, pero no desde la nostalgia de revivir viejos sonidos, sino desde una feroz creencia en el desarrollo de su presente.
El nombre de Scott Vogel se ha convertido en uno de los más trascendentales en el hardcore, por básicamente, ser la definición de la palabra misma. Convirtiendo el escenario en un campo de batalla, donde la única jerarquía es la intensidad, Vogel nos habla y grita en la cara acerca de sus experiencias personales y cotidianas desgarrando gargantas y sintiendo cada uno de sus rugidos, como algo profundamente propio. Porque de eso se trata Terror, de poner voz a una realidad que nos golpea. Sobre ser pero por sobre todo, de pertenecer. Por eso, hablar de Terror como una «banda importante» es quedarse corto. Son el epítome de la consecuencia. La prueba irrefutable de que en un mundo de tendencias efímeras, mantenerse recto, simple y devastadoramente honesto es el acto más radical de todos.

Con más de dos décadas gritando verdades, Terror se han convertido en el puente generacional y geográfico que hizo del hardcore un idioma universal. Ellos, entre otras bandas son la razón por la que muchos adolescentes en todas partes del mundo, definieron el hardcore como su estilo de vida. Como un verdadero manifiesto de permanencia y el próximo 20 de enero, desde Los Angeles, California, Vogel y compañía regresan a nuestro país para detonar Sala Metrónomo con un repaso a sus himnos fundamentales incluido su último trabajo “Pain into Power”.
Las entradas están disponibles en Passline.
Produce: Monkey.





















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