Texto por: Ricardo Arriagada Gómez

Fotografías: Claudio Escalona

En un año donde alcanzó medio siglo de vida y a su vez, celebra tres décadas de uno de sus discos más populares que es la idea para esta nueva gira, el puertorriqueño Jerry Rivera volvió a Chile en con dos fechas, siendo la de este sábado en Teatro Caupolicán la que estuvimos presente, en un día donde la lluvia cayó fuerte y se calmó al caer la noche.

A primera instancia, resultó curiosa la forma de esperar el show principal animando a los asistentes -que tuvo una bonita presencia de gente de muchos países unidos por el sabor y la gracia de la Salsa- con una performance de Stand-Up Comedy, que se sintió como una idea improvisada más que simplemente dejar esperar los minutos, incluso dejó más gusto que existiera un número de telonero a optar con aquello. Ya en hora del comienzo del show, los diez músicos toman posición, al igual que sus coristas y bailarines para darle la bienvenida al cantante que no quería aumentar las ansias y presenta extractos de sus clásicos como «Cara de Niño» -que era parte de esta celebración de tres décadas de existencia-, «Esa niña» y «Nada sin ti».

Casi sintiéndose como un popurrí o una canción extensa, en su primera parte fue de recorrido, sin mostrar pausas para comprobar que no debería existir tiempo perdido y la gente demandaba bailar, suceso que se logró con sus canciones de Salsa romántica que se transparentó en otros casos como «Día y Noche Pienso en ella» o «A Tí mi Nena». Jerry no muestra complejidades ni menos el peso de la edad, sintiéndose todavía un joven lleno de sueños, motivando a los espectadores en acompañar a cada estribillo y teniendo una interacciones llamativas, desde ocupar su propio celular para registrar casi completo una canción y hasta recibir una ropa interior de una seguidora que lo tomó con humor.

Generalmente existía un estado de ánimo relajado y cercano, «Casi un Hechizo» y su cover de «Mi Libertad» de Frankie Ruiz -una de sus influencias más cercanas- y aún así la energía era transportada en el recinto para mostrar lo contrario, que eran temas con letras que a varios le llegan al corazón. El mayor punto es la propia propuesta musical con un Rivera preocupado del sonido, para lucir su voz y que sus compañeros sean el apoyo especial, desde las percusiones hasta los instrumentos de cuerdas. En temas visuales, dejó mucho que desear y desaprovechaba el ojo humano para concentrarse en lo que era la música.

«Cuenta Conmigo» fue otra de las especiales que no podían faltar, pero no era hasta el final que «Amores como el nuestro» sería el cierre esperado y vino abajo todo los gritos y grabaciones, terminando así la presentación del «Nino de la Salsa» que, en solo una hora y veinte minutos aproximadamente de show, mostró toda su calidad concentrada en la ejecución melódica. Si bien para muchos querían más, algo que se pudo concretar en una fría noche fue nivelar la temperatura, necesario para andar activos un sábado donde no se muestra descanso.


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