Texto por: Vanessa Pérez

Fotografías por: Hugo Hinojosa

Jackson Wang prendió fuego el Movistar Arena la noche del 28 de abril con su tour MAGICMAN II. Sensualidad, oscuridad, bailarines impecables y una banda que elevó el espectáculo al máximo.

Jackson Wang es un artista conocido por su personalidad vibrante, sus habilidades de baile y canto y el impacto que produce en el escenario. MAGICMAN ha sido el concepto de sus últimos dos discos y giras mundiales, y el escenario del Movistar Arena en Chile fue la última parada en Latinoamérica. Jackson estaba listo para estallar en emoción en este cierre.

Como una invitación a su universo visual, la presencia cinematográfica de MAGICMAN se siente desde el inicio, con videos que muestran el mundo del alter ego de Jackson Wang y su emocionalidad, presente en las letras y en cada elemento narrativo. La introducción aparece en formato audiovisual para dar paso a los bailarines entrando uno por uno, hasta que se abre el escenario y aparece Jackson Wang al ritmo de «High Alone».

El espectáculo recorre el álbum “MAGICMAN II”, fragmentándolo según las emociones de las canciones. Un inicio de sonidos explosivos, vestidos de negro, resaltando la oscuridad de esta segunda era, con guantes rojos que hacen un guiño a la sensualidad del disco anterior. Momentos marcados por canciones como «Hate to Love», «Contact» y «Shadows on the Wall», y por supuesto, el famoso segmento en el que invita a fans al escenario para bailarles, desatando la euforia al máximo.

Luego, la narrativa gira hacia la nostalgia y profundidad que empapan esta nueva etapa. Con un nuevo vestuario completamente blanco y sin bailarines que lo acompañen, el artista deja que su voz sea protagonista, entregando canciones melancólicas y sensibles como «Everything», «Not for Me», y también las únicas del primer MAGICMAN: «Blue» y «Dopamine». Esta última se convierte en uno de los momentos más conmovedores de la noche, con el público encendiendo luces previamente entregadas y coreando al unísono en todo el Movistar Arena.

El hip hop, parte esencial de las habilidades de Jackson Wang, toma protagonismo con canciones explosivas como «TITANIC», «GBAD» y «Let Loose», haciendo vibrar nuevamente todo el recinto entre saltos, coros, papelillos de colores y una energía que solo iba en aumento.

Como sorpresa, Jackson Wang cierra el espectáculo con un tono más íntimo y emocional, anunciando que MAGICMAN terminaba ahí. No solo el show, sino también la era que catapultó su carrera y dio vida a este alter ego.

Canciones como «Dear:», «Sophie Ricky» y la central del disco, «Made Me a Man», muestran que las emociones más vulnerables y oscuras de Jackson Wang son las que sostienen toda su obra conceptual. Historias y fotografías de su familia acompañan su interpretación, creando un cierre profundo, sensible y memorable. Un adiós a MAGICMAN que invita al público a perseguir sus sueños y encontrar su propia magia, mientras Jackson la sigue buscando junto a ellos.

No son las canciones las que cierran el show, sino sus palabras de despedida, acompañadas de una potente visual: bailarines representando todas las etapas del alter ego Magic Man, desapareciendo juntos del escenario. Una imagen impactante y profundamente emocional.

El bis de un espectáculo de Jackson Wang nunca es convencional. En lugar de regresar a cantar, vuelve para desprenderse del concepto y presentarse como el host de la fiesta más caótica y divertida.

Con casi media hora de música electrónica de fondo, fans subiendo al escenario desde todas las áreas del Movistar Arena, Jackson Wang tomando champaña y whisky, y bailarines disfrutando junto al público, el cierre se transforma en celebración. Termina MAGICMAN, y el espectáculo se despide recordando que la vida se trata de encontrar nuestra propia felicidad: esa que escogemos y compartimos con honestidad y sin filtros.


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