Por: Lucas Araya
Fotografías por: Javier Martínez

Un reencuentro emotivo y potente con localidades agotadas se vivió la noche del lunes 27 de diciembre, donde la banda nacional hizo una extensa revisión de su discografía en una conexión total y especial con su público.
Renacer, revivir, reencontrarse, revolver los sonidos, los colores, las sensaciones, todo en una noche llena de calor y afectos. Todas estas sensaciones y más fueron parte de la primera función de Inti-Illimani celebrando más de medio siglo de carrera después de un periodo marcado por las restricciones y la imposibilidad de presentarse en vivo de manera habitual (con público presencial).
La bella magia que emana de la música del conjunto hace que sus presentaciones sean un viaje musical que atraviesa territorios, paisajes y culturas y los une en un despliegue virtuoso donde las voces armoniosas, las cuerdas delicadas y las percusiones profundas danzan entre electricidad acústica y destreza que transmuta por Latinoamérica y el mundo. Así fue como América novia mía inició el periplo seguida de Rondombe, dejando que las flautas y violines jugasen en un baile ensoñado.
Hubo también espacio para liberar la celebración contenida y respirar tras las mascarillas mientras cánticos y banderas alusivas al nuevo presidente electo revoloteaban alegremente.


El recorrido sonoro continuó abriendo las fronteras con las voces del grupo en un avance potente entre cuerdas y vientos dulces en Canna austina y desembocando en Vientos de pueblo con la figura de Víctor Jara de fondo, acompañado de obreros, ciudadanas y Salvador Allende en blanco y negro, trayendo un tiempo y un sueño que se resiste a extinguirse. Estas citas estuvieron presentes constantemente durante el show como una forma de proteger y cuidar la memoria de quienes forman parte de la historia grande de esta tierra. Los gigantes sobre cuyos hombros estamos parados, como se manifestó sobre el escenario.
Lo que más quiero, El surco, A la caza del ñandú fueron un juego de intensidades donde la energía vocal intercambiaba espacios con la calma introspectiva y los aires de una patagonia eterna. Hay que mencionar el impecable y certero trabajo visual que acompañó el repertorio desplegado por Inti-Illimani, haciendo que cada pieza musical estuviese acompañada de imágenes de rostros originarios, parajes ancestrales y momentos de tiempo infinito, todo acompañado de luces ejecutadas de forma efectiva para lograr efectos ópticos elevados y efectivos.
Hubo también puentes delicados hacia quienes no están pero que dejaron su huella en “un nudo de la eternidad” (Vino del mar), donde las voces cristalinas nadaban en un mar oscuro y profundo que flotaba sobre las butacas y las y los presentes.

La travesía inmensa continuó hacia el altiplano de montañas multicolores y nevadas con aves revolando en libertad sin saberlos (Papel de plata) para luego llegar al sur profundo en Arauco tiene una pena con arreglos transformadores, un camino cósmico para denunciar la injusticia histórica que parece no tener fin, todo acompañado de referencias a los bosques enormes, araucarias sin edad y semblantes de quienes han sufrido violencia de Estado, plasmado en carteles, murales y manifestaciones ya históricas y emblemáticas.
Los acordes en tonos menores e instrumentos de viento entre paisajes naturales cobijaron historias sencillas y humanas (Angelita Huenumán y Juanito Laguna), tan humanas como la figura tremenda de Víctor Jara y su legado de su música y rebeldía a través de Sudamérica en guitarras y voces acertadas (Tuu rebeldía).
La aventura sonora siguió recorriendo sitios lejanos y trayéndolos a escena como parte de un mismo sentimiento de alegría y amor, la sensación de realidad de estar en el tiempo presente para tributar la lucha y la resistencia (La calle), tributar a quienes dejaron una huella imborrable (El Arado, El Aparecido), unirse en un solo canto colosal (El pueblo unido) y también disfrutar del baile y el son en sonidos hermoso llegados desde el pasífico, el caribe y Centroamérica (Pequeña Lima, Mario Ague y Guarapo) con el público de pie y entregándose al ritmo y un mantra esperanzador: lo bueno se queda, lo malo se va.
Para el cierre, Samba Lando nos llevó a África cruzando el Atlántico y descendiendo en un territorio que entona versos con resiliencia contra prejuicios y sufrimientos, un canto que resiste las penas y emerge entre el barro para florecer en un coro poderoso y enérgico (Samba Landó).
La primera de tres sesiones fue un combo de emociones y entrega musical y de emociones por parte del conjunto y su gente, unión que debería darse nuevamente en las funciones de celebración que todavía están por venir.
Set List:
- América novia mía
- Rondombe
- Canna austina
- Vientos de pueblo
- Lo que más quiero
- El surco
- A la caza del ñandú
- Vino del mar
- Papel de plata
- Arauco tiene una pena
- Angelita Huenumán
- Juanito Laguna
- Tu rebelión
- Malagueña
- La calle
- La partida
- El arado
- El aparecido
- El pueblo unido
- Pequeña Lima
- Mario Ague





















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