Por: Adolfo Serey

El ocaso tocaba la puerta de el Teatro Nescafé de las Artes, el salón enmarcaba el dulce amor, el amor que repletaba cada corazón en su butaca, promovido por la seductora voz de la cantautora Dulce y Agraz. Una esencia de luces, un toque de estrellas y dos pizcas de delicada sensualidad entramaron la tónica sonora y representación artística de un trío de cadencia y desparpajada creatividad. Su sinuosa representación de una cantante y dos bailarinas creaban el triunvirato de perfecta armónica entrega.

La cantante Daniela Spalla estremeció el calmo clima musical anterior, fue una ventisca de canto y ovación. El ritmo y la curiosa expectación influyeron en el ánimo circundante. Los asistentes enloquecieron enérgicos con el encuentro de cada canción.


Un encuentro en cada canción, ambientado, curiosamente, con una escenografía trasera de praderas (doblemente curioso para mí) al retratar la canción «Provincia».
El compás de este espectáculo parecía bailar al son del estremecimiento musical, las luces enardecidas al igual que los corazones danzaron a través de el pop, la balada, un guiño a lo clásico y al remecido bohemio. Todos vitoreaban una y otra vez, en el incesante fragor de la música y el canto.

¿Quién podría ausentarse de tal complicidad? Daniela Spalla supo acunar cada instante con el público en los anhelos del reencuentro y el desbordante fanatismo.
¿Qué pudo faltar en este concierto?
Ciertamente NADA, nada más faltaría que se vuelva a repetir.
Gracias por superar lo virtual y trascender juntos a lo físico, nuestras emociones al unísono , pronto estaremos juntos en otro concierto, Zumbido.cl





















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