
Título: Weapons
Direc: Zach Cregger
Género(s): Terror/ suspenso
Año: 2025
Texto por Clau B. Díaz
Si algo nos tiene contentos a todos los amantes del séptimo arte es el cine de terror. La buena acogida de parte de la crítica de películas como “28 años después” de Danny Boyle, “Bring Her Back” de Danny y Michael Philippou o “Together” de Michael Shanks, mantienen el entusiasmo por los nuevos estrenos del género. En esta ocasión toca hablar de “La hora de la desaparición”, dirigida por Zach Cregger y protagonizada por Josh Brolin, Julia Garner y Benedict Wong, entre otros.
El argumento de la cinta lo cuentan desde el tráiler: todos los niños de un curso, excepto uno, desaparecieron a las 2:17 de la madrugada. Se levantaron de sus camas y corrieron hacia la oscuridad para no volver jamás. Desde esta premisa comienza una suerte de cacería de brujas, ya que, la comunidad culpa a la profesora Gand (Julia Garner) quien, en su rol de encargada de la clase, se le acusa de esconder lo que realmente les pasó a esos niños. Esta trama está envuelta en una atmósfera que se apoya mucho del folklor y de la magia del control corporal. Desde su poster promocional y el tráiler se ven a los niños corriendo en una posición que recuerda a la de Naruto, pero en vez de los brazos hacia atrás, en la película los tienen en los costados, por lo que da a entender que esos niños están bajo algún hechizo.

Esta historia se narra de manera fragmentada en cinco partes que son los puntos de vista de cada personaje. Esta estructura episódica, que recuerda a “Rashomon” (1950) de Akira Kurosawa y sobre todo a “Magnolia” (1999) de Thomas Paul Anderson, la cual el propio Cregger nombró como referencia, logra un narrador poco fiable. Lo cual es interesante, ya que, al igual que cualquier acontecimiento, la forma en que sucedió y en que se vivió o incluso cómo recuerda son distintos según las personas que lo cuentan. Vemos el punto de vista de la profesora, del padre de unos de los niños desaparecidos (Josh Brolin), del director de la escuela (Benedict Wong), de un policía (Alden Ehrenreich), de un vagabundo (Austin Abrams), y del niño que no desapareció (Cary Christopher). Cada uno de ellos es una historia distinta que el espectador debe juntar para poder armar este puzle que se nos presenta. Además, cada parte termina en su clímax, por lo que te deja con esa curiosidad de saber lo que le sucederá al personaje. Es lo que hace también George R.R. Martin en su saga “Canción de Hielo y Fuego”, mantiene la tensión, te interesan los personajes a pesar de que no sean de tu agrado o no logres empatizar con ellos.

La técnica narrativa y el folklor le dan un aire contemporáneo y clásico. Una reformulación de las leyendas de las brujas, de Babayaga, o el Flautista de Hamelin, de hecho, me atrevo a decir, que se siente como una reinterpretación de algún cuento tradicional del estilo de los hermanos Grimm. Y este terror mitológico funciona de manera extraordinaria, como si fuese una historia que vas a contar de noche en un bosque a la luz de una fogata. Lo que me lleva al tercer acto y la aparición del personaje de Gladys (Amy Madingan), que, aunque tarde, se vuelve uno de los mejores. Genera miedo e incomodidad, y es en este momento en que la película ya nos comienza a desvelar sus misterios y el puzle comienza a tomar forma.

Ahora bien, otro de los elementos muy presentes es el humor, y es en este aspecto que algunos pueden dejar de disfrutar esta cinta. Hay partes que no deberían ser graciosas y lo son. No es involuntario, sino que una escena de terror está diseñada para reírse, la extienden al absurdo y para mí funciona. Si bien, le quita mucho el terror, no quita el suspenso y la hace más verosímil, ya que, el momento terrorífico lo colocan en una situación cotidiana, por lo que se vuelve absurdo. No es el demonio detrás de ti en la oscuridad, es el demonio cayéndose porque tropezó con una piedra. Es la historia real detrás del folklor, una evolución natural del cine de terror. En lo único que para mí falla es en el excesivo plot armor, esto es cuando el guion protege mucho a los personajes que parecieran inmortales y apenas terminan con un rasguño, pero, al igual que el humor, creo que son gustos personales.

No quiero terminar esta reseña sin nombrar los aspectos técnicos. La fotografía es preciosa, te sumerge dentro de un cuento oscuro. El montaje ayuda al ritmo dinámico. Y la música le da la atmósfera que recuerda al cine de John Carpenter, sobre todo con “El pueblo de los malditos” (1995). Cregger usa todos los elementos de terror y suspenso que nos han entregado las artes, tanto plásticas, visuales como literarias, y las hace funcionar, sabe cómo narrar una secuencia, su manejo de la cámara es una delicia y te muestra justo lo que necesitas saber, ni más ni menos. No es un homenaje al cine de terror, sino que es su evolución, que guste más o menos, no se le puede negar lo original y lo refrescante que se siente en un momento en que las fórmulas antiguas son copiadas desde el pasado para pegarlas en el presente.
En síntesis, es una excelente película, en la cual pasarás un buen rato intentando descifrar el misterio, y el porqué del nombre de la película (“Weapons”). Te asustarás y te reirás en partes iguales, porque el miedo por el miedo ya no es suficiente, sino que merece que su historia sea contada y saboreada por distintos géneros. El tiempo dirá si se transformará en un clásico del terror de los años 20 de nuestro siglo. Por ahora no nos queda más que disfrutar esta buena racha de ese cine que nos hace querer mirar hacia otro lado. Del suspenso y la develación de nuestros más secretos miedos.
“La hora de la desaparición” ya se encuentra en salas nacionales.
Distribuye: Warner Bross





















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