Por: Adolfo Serey
Fotografías: Claudio Escalona

Dos días de festival fue lo que se celebró este 29 y 30 de abrilsu nombre es Felabration y se trata de un evento de música -pero no cualquiera- con un fuerte contenido social y crítico que se realiza por cuarta vez en Chile. Inspirado en el legado de Fela Anikulapo Kuti, músico y activista social Nigeriano. Respecto a la música, está compuesto por géneros musicales como el Afro (Afrobeat, Afrocaribe, Afrohouse, Afrodiáspora, Afrofusión), Jazz y el Rap.

En Chile, la versión de este festival se enfoca en recobrar el espacio de la música como un acto de expresión artístico y de pensamiento reflexivo, al mismo tiempo,  enfatiza su representación en el discurso y la danza,  la integración migrante y sus raíces musicales con nuestro propio acervo sonoro y nuestra lucha.

«Las aguas son de todos y son nuestro derecho»

La fría noche cubría la explanada de M100, pero sus colores no eran opacos ni sombríos, Flor de Guayaba (chile) abría la última noche de festival con el portentoso canto negro. Su ritmo nos hizo vibrar al menos 40 – 45 minutos con expresivo baile que terminó por germinar en todos nosotros.  Su discurso, de canción en canción, fue en insurrecto, de reivindicación y de espíritu indómito, pero al mismo tiempo tan cálida y animoso.  A veces es difícil de separar su consigna política de tan hermoso cantar y manifestar, lo cierto, es que su canto apasionado y comprometido danza al unísono de 7 hermanas musicales que ilustran la vida y represión del migrante, al mismo instante, que a su vez lucha por nuestro suelo, agua y gente.

«El rescate popular a través del tiempo y los vientos»

La singularidad se lleva el segundo show de la noche. El frío arremetía contra los asistentes, uno a uno guarecidos alrededor de los muros y una explanada desnuda se descubría ante el gélido abrazo de la dama vestida de negro. Los porteños Chimonos Chimonos hicieron «el llamado» a través de los potentes vientos contrapuestos de sus bronces y el imbatible son de las percusiones. Las melodías juguetonas del Funk, el Jazz y Ska se abrazaban clamorosas, confundiéndose entre ellas al revolotear. Representaciones, mucha alegría y festividad templaban todo el lugar. Pieza a pieza hacían del tímido espacio el clamor de potente del público.

¿A cuántos sumaron?

Sin chistar podría contar a todos los asistentes. Juego sonoro, candombe de niños y el rescate de la calle a la música: la música popular y las costumbres de la misma arrebatadas del olvido, así podríamos describir como la banda orgando en el recuerdo de nuestra memoria colectiva traían consigo a nuestra querida chinchinera.

«Sin abatidos»

El mal tiempo no hizo más que traer «buenas caras», fue así como la querida banda de cierre La Brígida Orquesta convocó personas hasta repletar todo el espacio en M100. El festival se comenzaba a despedir con su inicio de espectáculo que al mismo tiempo daba término al festival esta misma noche. Pero no fue una triste o fría despedida, al contrario, se trataba de la más cálida bienvenida al Rap y Jazz que pudiera saludar y una puerta a futuros shows como este. Cuan aunados estaban todos, percusiones voz, cuerdas , bronces y ese psicodélico teclado. El frío no lograba hacer frente al jubiloso cobijo de el discurso crítico.

Y cómo podría ser abatido, si los discursos de los insurrectos nunca muere, vive en el mundo de las ideas,  en la epopeya de la lírica y al tiempo más importante: el tempo de la música y sus orígenes negros.


Zumbido.cl

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