Película: «El Señor de los Anillos: La comunidad del Anillo»

Director: Peter Jackson

Género(s): Fantasía / Aventura

Año: 2001

Texto por: Clau B. Díaz

Corría el año 2001, el mundo era testigo del atentado a las Torres gemelas, George W. Bush declaraba la guerra contra el terrorismo, Michael Jackson lanzaba su último álbum de estudio («Invincible»), Iván Zamorano se despedía de la selección chilena, y en el cine se estrenaba “La comunidad del anillo”; el ambicioso proyecto de Peter Jackson de adaptar la obra de J.R.R. Tolkien, considerada por muchos como inadaptable. Sin embargo, de alguna manera se juntaron todos los elementos para que, quizás contra todo pronóstico, resultara, tanto así que 25 años después la cinta sigue siendo un referente de la fantasía épica. Y para celebrarlo, los cines del país han reestrenado la trilogía en versión extendida. Revisemos ahora por qué la historia del anillo sigue fascinando después de más de dos décadas de su estreno.

Yo estuve ahí, Gandalf, estuve ahí hace 3000 años

Cuando se estrenó la película fue una locura, en los noticiarios chilenos mostraban a la fiel fanaticada acudir en masa al cine disfrazados de sus personajes favoritos. En un tiempo en que ser friki no estaba tan de moda, para muchos (de nosotros) era algo que manteníamos oculto en los foros de nicho de la naciente masificación de internet. La fantasía épica se volvía popular, todos estaban pendientes de la historia del anillo, encantando tanto a la crítica especializada como a fanáticos de la saga, y enojando a los más puristas —sí, recuerdo el odio que recibieron algunos cambios, pero de eso hablaremos más adelante—. El caso, es que el mundo, al igual que Sauron, puso sus ojos en el anillo único.

Una historia para gobernarlos a todos

Una de las razones de por qué gusta tanto “El señor de los anillos” es debido a que es una historia con la que es fácil identificarse, o al menos ver similitudes con nuestra contemporaneidad. El mismo Tolkien escribió en el prólogo de “La comunidad del anillo” (1954) que su obra no es una alegoría —él odiaba las alegorías—, sino que es una historia de “variada aplicabilidad al pensamiento y la experiencia de los lectores”. El filólogo inglés piensa que la aplicabilidad reside en la libertad del lector, mientras que en la alegoría reside un pretendido dominio del autor. De modo que la adaptación cinematográfica sería esa adaptabilidad de la Historia, sí, con mayúscula, ya que “El señor de los anillos” a pesar de ser un relato ficticio, el autor lo concibe como un acontecimiento histórico, ese que sucede en la tercera edad de nuestro mundo. Siguiendo con la adaptación, es posible que Tolkien la odiara, pero Peter Jackson llevó la obra a la pantalla grande con la misma filosofía, no hubo una pretensión individual de mostrar su visión personal, sino de contar, con un absoluto respeto la guerra del anillo ocurrida en la tercera edad de nuestra historia —según Tolkien nosotros estaríamos a final de la quinta edad y principios de la sexta—. Digamos que Jackson hizo una película histórica, contó los hechos de nuestros antepasados, nos parece una historia conocida, la nuestra, que se extrapola a nuestro tiempo.

La obra inadaptable

“El señor de los anillos” se ha intentado adaptar antes, las versiones más conocidas son la animada de 1978 y la soviética de 1991. Ninguna de ellas llegó a buen puerto —aunque la animada tiene sus momentos—, porque fallaron en algo en lo que Jackson acertó: la adaptación de un relato histórico-mitológico. Por ello que la clave en “La comunidad del anillo” es transmitir, primero que se trata de un conflicto antiguo y, segundo que en tiempos inmemoriales en nuestro mundo existían criaturas humanoides de distintas razas: elfos, magos, hobbits, y hombres. Esto se refleja en el espectacular prólogo —que solo esta parte daría para para una tesis— narrado con la voz atemporal de la elfa Galadriel (Cate Blanchett); la fotografía, con ese tono de ensueño que le da un aire de leyenda; el montaje, tal como si fuese un libro de historia, y por supuesto, la música de Howard Shore, que nos dio una de las piezas más reconocibles del cine, en cuanto a banda sonora se trate. “La comunidad del anillo” cumple con darle verosimilitud al relato: sí, los hobbits son seres tranquilos, simples, pero valientes; los hombres son fácilmente corrompibles, pero también con un alto sentido del honor. Es una historia del bien contra el mal, un maniqueísmo que en la fantasía actual poco se ve, pero hay conflictos en los personajes que deben solucionar. La enemistad de los elfos con los enanos, por ejemplo, es ancestral, pero están obligados a trabajar juntos por un bien mayor, o también que incluso el mago más sabio toma malas decisiones. Se siente algo real. No son solo criaturas fantásticas y poderes mágicos, sino que ello está al servicio de la trama: toda la fantasía es parte natural del mundo ficcionado. El guion de Jackson se toma el tiempo de presentar a los personajes, sus personalidades y sus conflictos. Aragorn (Viggo Mortensen) es introducido como un montaraz, para luego revelarnos su verdadera identidad, Boromir (Sean Bean) se nos muestra como un hombre leal que quiere salvar a su pueblo sin importar el precio. Nos importan estos personajes porque los vamos conociendo a medida que se conocen entre ellos. Para hacer esto posible  Jackson tuvo que cambiar/adaptar muchísimos aspectos del libro, algo que enojó a más de un fan.

¿Se podría adaptar hoy?

Esto es un rotundo no. La razón está muy alejada de lo que muchos sostienen: que ahora por la “cultura woke” introducirían actores negros y les darían más espacio a las mujeres, sino por todo lo contrario, sería criticada, precisamente por ser “woke”. Ya en el 2001 una de las grandes quejas  fue al eliminar un personaje masculino (Glorfinder) para darle una de sus escenas a uno femenino, Arwen (Liv Tyler). La gran diferencia es que en esos tiempos ese hate quedaba en las profundidades de los foros frikis y tampoco estaba acuñado el concepto de “cultura woke”. Al personaje de Aragorn le dieron diálogos del mago Gandalf (Ian McKellen) para hacerlo más sabio, supongo, y así un largo etcétera de cambios. Además, ahora sería muy difícil que alguien apostara por un proyecto así, y ya lo fue para Jackson en aquella época, pero eso es otra historia. Es un fenómeno que no se repetirá porque nadie está tan comprometido a llevar a cabo una adaptación con tanto respeto. Lo vemos con la serie “Los anillos del poder”, incluso lo que fueron las películas de “El hobbit”, no funcionan porque no hay voluntad adaptativa —independiente si le cambian el color a los personajes que eso es lo de menos—, sino una arrogancia de hacer algo grande y espectacular, sin profundidad, el espectáculo por el espectáculo. Diferente fue el caso de “La guerra de los rohirrim”, película animada que sí logró mantenerse muy fiel al material original, dándonos una pequeña alegría. Ahora, hace unos pocos días de escribir esta reseña se confirmaron dos adaptaciones del universo cinematográfico de Tolkien, la pregunta es ¿será posible igualar la hazaña del 2001? La respuesta suele ser algo pesimista, aunque, tal como la historia del anillo nos enseña, nunca hay que perder las esperanzas.

En conclusión, “La comunidad del anillo” lo empezó todo, no solo la trilogía, sino que es —quizás comparte podio con “Harry Potter y la piedra filosofal”— la piedra fundacional del cine de fantasía épica occidental de principios del siglo XXI. El género se convirtió en boom y muchos se empaparon de esa magia. Fue el inicio de un fenómeno que 25 años después sigue intacto, tanto que hoy en el cine están en cartelera las ediciones extendidas de la trilogía. Ir a verlas al cine, para algunos, es retroceder dos décadas, a aquel lejano 2001, para otros, es la primera vez que se enfrentan a esta aventura en la pantalla grande. Yo fui, y hace mucho tiempo que no me tocaba una sala llena. La historia del anillo sigue cautivando, tanto a los antiguos fans como aquellos que recibirán la posta, porque es un relato de la vida misma, de dolor y bondad, de amistad y solidaridad, y sobre todo de esperanza porque: “incluso la persona más pequeña puede cambiar el curso del futuro”.


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