
Texto: Lucas Araya Araya
La Aplanadora del Rock arrasó con todo en la primera de sus dos sesiones en Santiago con oleadas de potencia, volumen y un amor gigante por la música y su público fiel. Una sesión que tuvo todos los ingredientes de un concierto de Divididos: canciones urgentes, folklore electrificante, pogos, coros masivos y homenajes a los próceres de la música argentina y latinoamericana, todo en un abrazo afectuoso y enorme entre altos decibeles y luces ardientes. Una noche legendaria que quedará en la piel, el cuero y las almas de tod@s quienes repletaron el Teatro Coliseo.
Tres hombres, un huracán volcánico de energía sónica acompañados de miles de almas guerreras de la música hecha con corazón, cuero y amor gigante. Divididos y su gente en un ritual de lo esencial, un reencuentro lleno de afecto, estocadas eléctricas y fuego en las voces.

La Aplanadora del Rock argentino y latinoamericano arrasó con toda pena, preocupación y las horas oscuras para entregarnos más de dos horas de canciones urgentes y acariciar los corazones con una intimidad honesta, sincera y al desnudo. Un regalo de principio a fin y casi sin pausas.
Con un inicio demoledor donde “Haciendo cosas raras” abrió el camino con una punción ardiente, una invitación a sumergirse en las aguas estridentes del trío más poderoso de la región. De ahí en adelante, el viaje hacia las cumbres del cancionero de Divididos fue un goce compartido total. Con la triada “Casi estatua”, “Tanto anteojo” y “Cuadros colgados”, el tiempo y el espacio comenzaron a moverse y fundirse en un ahora constante y robusto, donde el bajo de Arnedo y la bata energética de Catriel Ciavarella pisaban fuerte para que Mollo y su guitarra dibujasen cuadros multicolores y su voz contase las historias indescifrables que tan bien entendemos al calor de la música en vivo.

De ahí en adelante, todo sería un lujo, un obsequio, una caricia a la melomanía: la dupla frenética de “Salir a comprar” y “Salir a asustar”, el ataque certero y revitalizador de “¿Qué tal?” y “La rubia tarada” (primer round de Sumo de la noche) y la unión azulada de “¿Qué ves?”, cerrando un bloque monumental de temas inmortales e implacables.
Bajo luces tenues y un silencio tambaleante, Ricardo Mollo, armado solo con su voz y su guitarra abrieron el papel de diario arrugado para regalarnos una hermosa y coreada versión de “Spaghetti del rock”, iniciando un recorrido donde los sonidos de los vientos de los Andes y los aires litorales y terrosos fueron el paisaje del Coliseo entre los abrazos sonoros de “Ortega y gases” y “El burrito” (con una anodina alineación de la banda en expansión con Catriel al bajo y El Cóndor en armónica y voz). Un vuelo sobre valles imaginarios a punta de cuerdas y percusiones acompañadas y aplaudidas por una multitud cargada de emoción.

Luego de un solo de batería descomunal y certero, el peso de la historia caería como una cordillera sónica y lírica con la melancolía demoledora de “El arriero” sacando lo mejor de las gargantas afiladas y la entrega total de la banda, dejando el terreno servido para el banquete más delicioso, uno donde las gemas del repertorio de Divididos (“Nene de antes, “Sábado, por ejemplo) se combinan con los grandes nombres del rock argentino (Sandro en “Tengo”, Pappo en “Sucio y desprolijo”) y un saludo a los clásicos impensados del continente (”Cielito lindo” con remolinos bajo luces rojas).
El bloque final fue la confirmación del poderío y la descarga eléctrica y energética del tridente, sin guardarse nada y siendo altamente generosos con su gente (al borde del éxtasis), el arsenal incendiario se esparció sin parar. Anote: “Crua chan” de Sumo iniciando la senda, “Paraguay”, “Rasputín”, “El 38” y“Ala delta” transformando la boludez áspera en una caricia vigorosa de rock para sellar la velada con “Ojo blindado” y “Next week” (tromba doble de la cosecha de Luca Prodan y los suyos). Una mole explosiva.

Para el final, la postal del afecto más honesto: Mollo bajando al público para llenarse de abrazos, palmadas y sonrisas mientras Arnedo y Ciavarella destrozaban el aire entre ruidos, galopes y estridencia. Aplausos de pie y brazos arriba para cerrar la primera celebración con su gente en Santiago.
¡¡¡Unidos todos por Divididos!!!
Este sábado 22 se viene la segunda patita.
Afirmense, escúchenlo, se viene la aplanadora del rock…¡esa sí que es argentina!
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