
Texto por Clau B. Díaz
Créditos fotografía: Camila Álamo (En Órbita)
El recién pasado jueves 04 de diciembre tuvimos de vuelta a The Brian Jonestown Massacre, quienes en el marco de su gira por Latinoamérica, dieron su último show en el club Blondie cargado de pura fantasía psicodélica.
Mientras la gente poco a poco llegaba, comienzan los chilenos de Special Cases, quienes con un hipnótico repertorio preparaban a la fiel fanaticada que invadía la ya mítica Blondie. Luego llega el turno de los compatriotas de Dinastía Moon, quienes le dieron ritmo al trance, con su sonido, casi como unos hechiceros, movían los cuerpos de la audiencia que fue engullida por la atmósfera mística que se iba formando.

Dándonos un respiro, mientras seguía llegando la fiel fanaticada, los asistentes iban tomando posición en el recinto, dispersándose buscado el mejor lugar para degustar el plato principal. A eso de las 21:00 hrs, aparecen en el escenario Anton Newcombe y compañía, siendo recibidos por una estruendosa ovación, los estadounidenses arrancaron con un sonido que parecía salir de lo profundo del planeta y se elevaba hasta llegar a nuestros oídos, como si un fenómeno de la naturaleza se tratase.

La puesta en escena era tan sencilla, es que The Brian Jonestown Massacre no necesitaba grandes ornamentos ni imponentes juegos de luces, con la sola música bastaba para sumergirnos en un mundo creado por sonidos y sensaciones. Toda esta locura partió con “Whoever You Are”, siguiendo con “Vacuum Boots”, “Do Rainbows Have Ends?” Y “#1 Lucky Kitty”. Entre canción y canción, Anton se tomaba su tiempo, ya sea para beber un trago o fumar, como para interactuar con un público totalmente rendido a la experiencia.
La audiencia estaba tan inmersa que pocos celulares se veían grabando, a ratos un solitario aparato grababa alguna canción, pero la tónica de la noche fue de un momento de desconexión con lo terrenal, donde los teléfonos no tenían cabida. Las expresiones de los asistentes lo decían todo: felicidad, tranquilidad, y mucho baile, también hubo más de alguno que no soportó tanta “emoción” que salieron en andas, es que, el calor del recinto, a veces, se hacía bastante pesado. Sin embargo, la música seguía, con un setlist que subía y bajaba a la tierra, en una mezcla perfecta entre fantasía y realidad, un lugar, que, a pesar del calor, era muy agradable.

El show, de 2 horas, llegaba a su fin, con “Pish”, “Servo” y “Super-Sonic”, fue la conclusión de un relato cuyo final deja esa ventana abierta para un próximo ritual. The Brian Jonestown dio, sin duda, un concierto íntegro, que con el solo sonido llegó a los lugares más recónditos de nuestra mente. Como si fuesen seres de otro planeta, nos llevaron a lugares mágicos, cuyo lenguaje en común fue la pura y santísima psicodelia.





















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