
Texto por Franco Zurita
Fotografías por Joselyn Heyden
El fin de semana recién pasado, el punk rock se tomó la capital. El viernes por una parte, fuimos testigos de un nuevo arribo del We Are One Tour, con lo mejor de la escena más melódica del género y anoche, estuvimos presentes en una nueva despedida de The Adicts. Los británicos leyendas del punk regresaron a menos de un año de aquel reencuentro con sus fanáticos locales para revivir aquella noche y esta vez, quitarse para siempre el maquillaje y despedirse a lo grande con su “Adiós Amigos Tour”. Más de cuarenta años de carrera resumidos en una noche para cerrar el telón de este circo rebelde para siempre.
Pero antes de la lluvia de confeti y el papel picado, los nacionales de MONO MODO fueron los encargados de encender las antorchas inaugurales de la jornada. Sumando otro escenario internacional, los nacionales formados por Pato Larraín (Subradical, Tsunamis) Pelao Carajo (Voodoo Zombie), Pato Falso (Dead Christine), yCharly Pérez (Los Makana), se subieron al escenario con la potencia que los caracteriza junto un repaso desde su debut M.D.M.N hasta su más reciente EP “La hipótesis de la canción es real”. Tras esta entrega, Subradical, históricos de la movida hardcore punk local, demostraron por qué, después de tres décadas, siguen siendo un pilar fundamental en la escena underground nacional. Una dosis de rapidez y locura para ambientar la previa del gran espectáculo final.
Entre clásicos del punk y una espera que se hizo eterna, finalmente pasada las 21:30, los vientos de la “Obertura final” de Guillermo Tell, vitoreaban el inicio del espectáculo y con sus habituales prendas de blanco, la banda salió al escenario en medio de los aplausos de todos los presentes. Al final y cubierto de una capa brillante con forma de alas, Keith «Monkey» Warren, el bufón demente de The Adicts aterrizó sobre el escenario y en medio de una lluvia de papel picado y aires de carnaval, el mítico frontman comandó el inicio de esta celebración.

Con el Coliseo al ritmo de un verdadero carnaval, los británicos soltaron un setlist histórico, no muy distinto al del año pasado, pero más revitalizados que nunca, avivando esta despedida al ritmo de “Let’s Go”. Una clásica obertura que no hizo más que encender la caldera y hacer volar el confeti por todo el recinto. “Joker in the Park” fue otro de los esenciales que desató la locura en este recorrido por las más de cuatro décadas de la banda y “Horrorshow”, “Tango” y el mítico “Johnny Was a Soldier” completaron la primera tanda de himnos en una noche en donde la rebeldía y el caos eran los ingredientes esenciales de esta fiesta.

Con el teatro regocijado en alegría subversiva, Monkey y compañía continuaron la ceremonia al ritmo de “Fucked Up The World”, “Numbers” y “Troubadour” hasta llegar a uno de los momentos íntimos de la noche con la interpretación de“I’m Yours”,estremeciendo a los más fanáticos quienes entre gritos y lamentos, fueron partícipes de esta increíble pieza. El recorrido se extendió por más de hora y media en donde clásicos de todas las épocas de los británicos salieron a la luz. Desde“Angel” del álbum “Twenty-Seven” hasta“Who Spilt My Beer” del “The Joker In The Park” fueron uno a uno desprendiéndose para ser recibidos por una masa incontenible de fanáticos que vibraron con cada uno de estos clásicos.

Para la última parte, The Adicts guardó lo mejor para el final desatando la locura inmediata con “Crazy” para luego adentrarnos en la pegajosa “Chinese Takeaway”, un himno que sirvió de antesala para los últimos retazos de la noche. Con la maldad como inspiración, “Bad Boy” fue la última pieza antes de encender el motín y dirigirnos directamente a la revuelta. Porque como es ya habitual, “Viva la revolution”, el clásico más incendiario de los británicos, se apoderó de los altavoces para sacudir por última vez a la masa cual puño en alto, gritaron cada una de las consignas de este himno histórico. Con la revolución en boca de todos y la hermandad en el ambiente, el último cántico no podía ser otro que el clásico de Gary And The Peacemakers y del Liverpool F.C, la gran “Never Walk Alone”. Y como si de un estadio se tratase, la multitud enardecida acompañó cada una de las frases en un cierre monumental y una alegre despedida que logró emocionar a cientos de fanáticos que acompañaron a The Adicts en esta última vuelta por nuestro país.

Son años de historia que no caben en un adiós y eso fue justamente lo vivido anoche en este reencuentro. The Adicts no necesita exagerar porque su verdadero peso y relevancia está en sus canciones y en todo lo construido sobre el escenario. La alegría y la nostalgia conviviendo en un mismo lugar para convertir este show en algo físico, casi como un ritual y donde lo importante no era despedirse sino, evidenciar que el legado de Monkey y compañía, traspasó con creces. las fronteras del tiempo.





















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