“las flores de la vida llegaron tarde, pero llegaron”

Compay Segundo

Texto por Clau B. Díaz

Los custodios del gran legado que dejó Buena Vista Social Club se presentarán el próximo 30 de abril en el Teatro Coliseo. Para entrar en ánimo, exploremos la relevancia de la agrupación y por qué es importante rendirle el homenaje y respeto que se merecen, pero para ello, veamos quiénes fueron Buena Vista Social Club

En la década de los 90 del siglo pasado, muchos de los músicos tradicionales cubanos estaban retirados y olvidados, no eran reconocidos fuera de Cuba, y algunos se encontraban en la pobreza. Ninguno de ellos esperaba que pasado los 80 años de vida sus carreras se reactivaran, hasta que el guitarrista estadounidense Ry Cooder y al productor británico Nick Gold llegaron a la isla de Cuba a grabar un disco de música tradicional cubana. 

Ry y Nick comenzaron la búsqueda de aquellos músicos que habían escuchado en discos antiguos, quizás muchos de ellos muy mayores para tocar o ni siquiera vivos. Sin embargo, nada de eso, encontraron a Compay Segundo de unos 80 años, a Ibrahim Ferrer y Rubén González de unos 70, a Omara Portuondo de 60 años, y a otros integrantes cuyas edades no bajaban de ahí; con un ánimo, actitud y estado físico que ya quisiéramos muchos de nosotros con 30 años menos. Deseos aparte, el rescate de estos músicos olvidados, particularmente después de la caída de la Unión Soviética cambió la historia de la música para siempre. 

Partamos por entender por qué cayeron en el olvido en primer lugar. El auge del son cubano fue pre revolucionario, tocaban en locales como en el Buena Vista Social Club, lugar en el que se reunían personas negras de clase obrera, ya que, los otros sitios eran exclusivamente para gente blanca. Luego de la revolución (1959), el régimen cerró Buena Vista Social Club, porque ya no existiría esa segregación. Además, el son cubano sería desplazado por un estilo más acorde al proyecto político: la nueva trova cubana. Por lo que poco a poco el son fue perdiendo importancia y considerándose música del pasado -incluso burguesa porque era muy escuchado en Miami-. No obstante, como todo estilo tradicional, siguió escuchándose e inspirando incluso a los de la nueva trova cubana. 

En el olvido, estos músicos quienes estuvieron en lo alto en las décadas de los 30 y 40, y que además perdieron contacto con el exterior luego de la caída de la URRS y el embargo estadounidense, vuelven en 1996 con el proyecto Buena Vista Social Club, y su álbum del mismo nombre con esa mítica portada que muestra a Ibrahim Ferrer caminando por la Habana. Junto con ello, una gira internacional por Europa y Estados Unidos, además del documental “Buena Vista Social Club” del alemán Wim Wenders de 1999 el cual estuvo nominado a los premios Oscar, y para rematar, en 1998 ganaron un Grammy al mejor álbum tropical tradicional. Fue un regreso en todo lo alto, el mundo que los olvidó rápidamente notó nuevamente su presencia. 

Ibrahim Ferrer en el documental “Buena Vista Social Club: Adiós” de 2017, dirigido por la directoria británica Lucy Walker, declara que antes que le pidieran volver no tenía ganas de seguir viviendo, sin embargo, este renacer le dio una nueva alegría y el reconocimiento que se merece. Además, no sólo participó en Buena Vista Social Club, sino que también hizo una carrera solista con 5 discos de estudio, incluso colaboró con la banda británica Gorillaz en la canción “Latin Simone (¿Qué pasa contigo?)” de su primer disco del 2001. Lo mismo ocurrió con Omara Portuondo, su carrera solista despegó e incluso colaboró en el tema “Hay que saber llegar al fondo” de la película de Disney “La princesa y el sapo” de 2009.

En los primeros años del nuevo milenio, muchos de ellos comenzaron a morir, otros a padecer problemas de salud propios de esta maquinaria que llamamos cuerpo. Sin embargo, el legado se mantiene en Buena Vista Social Orchestra, agrupación compuesta por antiguos miembros, familiares de ellos, y otros músicos, quienes rinden homenaje a quienes plantaron las bases se la música tropical latinoamericana, a quienes el mundo olvidó, pero luego fueron redescubiertos y ahora todos los recordamos. 

Para ser parte de la historia de este histórico concierto, nos vemos el 30 de abril en el Teatro Coliseo. 

Venta de entradas a través del sistema PuntoTicket


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