Título: ¿Quién mató a Gaete?

Autor: Cristopher Rodríguez

Editorial: La Piedra Redonda

Año: 2025

Texto por Lucas Araya Araya


El disco más conocido de Mauricio Redolés,¿Quién mató a Gaete? (Sony, 1996), emerge desde los márgenes de las telarañas de transición a través de un exhaustivo análisis de su creación, el contenido de su música y letra y del contexto (previo y posterior) de la pluma de Crístofer Rodríguez en un ejercicio de memoria que funciona como un puente para revistar los años del reinado tibio de la Concertación, escarbar en las garras débiles del jaguar ficticio de latinoamérica y para mirar desde dentro el correlato del Chile que intentaba salir de la perplejidad solo para encontrarse vacío y solo frente al mundo un segundo antes de que el individualismo, el silencio y la amnesia compartida fuesen el pan de cada día.

A inicios de 1990 se abrieron las grandes alamedas y el país se acabó. Al menos ese país en el que Mauricio Redolés y Pedro Gaete vivieron para tratar de cumplir su sueño de bien común, transitar por bellos barrios donde habría leche para niñas y niños y donde las peñas folklóricas eran un punto de encuentro donde la música y la poesía florecían entre muros de adobe. Un lugar de ensueño que también los vería sufrir, llorar, ocultarse y (en el caso del Redo) experimentar la tortura y el encierro carcelario solo por pensar y ser distinto. Aún así, ninguno de los dos perdió la esencia ni la esperanza de poder volver a caminar libres, compartir con sus camaradas y abrazar el derecho de vivir en democracia, armonía y paz. Sin embargo, el supuesto fin de la dictadura fue también el fin de una forma de desenvolverse, de ver y sentir las cosas. Las luchas comunes y fraternas se diluyeron. El sentido de comunidad se difuminó y las ansias de autobombo y rédito privado se instalaron como la norma de subsistencia. Todo este panorama chato es la antítesis del caos anhelado en algún rincón de la discografía subterránea del anti cantautor de Cueto y del barrio Yungay.

Toda esta palabrería y verborrea no es una introducción. Tampoco una reseña. Es solo un montón de imágenes e ideas que llegan desde las páginas de este texto que ofrece diversos relatos que se van entrecruzando para dar forma a uno de los discos más emblemáticos de la década del 90 (aunque no fuese realmente masivo, radial ni multiventas). Acá aparecen con total relevancia instantes protagonizados por Pedro Gaete Soto, Álvaro Heriquez, Hernán Rojas, Claudio Narea, Sebastían Redolés, Nicanor Parra y un largo etcétera que coexisten en el universo multiforme de Mauricio Redolés y que son (o podrían eventualmente ser) personajes de un álbum conceptual o una suma de realidades ficcionadas y plasmadas con magia musical y una lírica popular e imaginativa.

Hay también momentos notables, oscuros y psicodélicos, mezclados en la juguera de un país que carecía de realismo mágico y que exudaba cinismo sonriente, con el dictador instalado en el congreso. Instantes tan cruciales como la búsqueda de una peña con dirección fantasma, una celda en Valparaíso, composiciones dibujadas en Inglaterra, músicos itinerantes en el underground capitalino de los ochenta, grabaciones reencontradas en un estudio en Santiago a mediados de los noventa, un niño que abre la puerta hacia una nueva dimensión, unos viejos culiaos en la tele dándoselas de irreverentes y rupturistas, un grupo de músicos grabando un videoclip de bajo presupuesto en Estación Central, un productor ausente relevado por un jugador de primera división, un sello discográfico sin saber qué hacer con una obra inclasificable, rifas para juntar fondos, ceremonia en el Teatro Municipal y más. Muchos más.

Acá un episodio corneta y que define el Chile deslavado y careta que se extiende hasta hoy:

Otro punto notable de esta investigación es la inclusión de un capítulo orientado al punto lingüístico del contenido del libro y el carácter creativo y netamente local de su expresión lírica. Una continuación de la tradición que recorre las calles, las mesas con manteles a cuadrillé, las plazas en la oscuridad de la noche y escenarios ardientes con asientos (casi) vacíos donde el aplauso no es moneda de cambio. También una vista a los símbolos de su arte gráfico, donde la ausencia y la presencia juegan a las escondidas.Todo esto unido a un análisis del contenido de las canciones del disco y su conexión con el quehacer cotidiano de un creador dispuesto a compartir créditos y en pos del colectivo, algo extraño donde el autobombo y la autorreferencia pareciera ser la norma (al leer el libro verá cómo y cuándo). Un Chile que se cae a pedazos y es reemplazado por una realidad que cada día es más charcha, más pacata, más mojigata, más cruel y más traicionera. Un lugar donde hacen falta más personas como Gaete, Redolés y sus colegas de generación (muchos han visto cómo se diluía la ilusión de vencer y a quienes la alegría olvidó o se acordó de ellos muy tarde) para hacer frente a la injusticia y la crueldad.

Frente a la amenaza del olvido, están los archivos, los registros y los libros que revisan y celebran los discos que marcan un antes y un después. Con datos, citas y créditos precisos, “Quién Mató a Gaete” es parte de ese grupo de obras, esas que nos ayudan a comprender, recordar o conocer cómo era Chile antes de: la violencia paramilitar, el bombardeo a la Moneda, la larga noche gris, el vuelo de los arcoiris vacíos, la instalación de la hipocresía en un sillón de terciopelo, las sonrisitas traicioneras, la colusión industrial y radial,la llegada y supremacía de internet, la indiferencia y la apatía como emblemas y estilo de vida.

Si al final de la canción que le da nombre al disco más conocido de Redolés (sin ser el mejor) se asume que no hay nadie dispuesto a interceder por Gaete en ningún caso, la vida abrazada a la impunidad y la falta de justicia confirman que “nadie se va a meter en huevadas” por nadie. Salvo Cris Rodríguez quien mete las patas al barro para caminar junto a Mauricio Redolés y Pedro Gaete por el lodo de un río que tod@s vemos correr pero que solo a veces escuchamos en el país que no existe más y hacer este ejercicio de memoria juntos en una transición que parece nunca acabar.

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Esta lectura se complementa a la perfección con esta lista de reproducción:

¡Deja volar la imaginación pajarística en un lugar que ya no existe!

(o que sí existe pero mutó en algo que ya no tiene vuelta)


Zumbido.cl

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