Texto por Lucas Araya Araya

Fotografías por Claudio Escalona

La legendaria banda liderada por Angus Young y Brian Johnson hizo vibrar a más de 80 mil personas en el Parque Estadio Nacional con un extenso show cargado de potencia, energía, altos decibeles y pirotecnia, todo con el buen y querido rock and roll como cañón principal. Un reencuentro con Chile que tardó 30 años en concretarse. La espera valió la pena totalmente.

Un sitio extenso y totalmente repleto. La tarde que todo lo derretía daba paso a una noche que sería el centro del ardor cuando la música envasada y la música de fondo se apagaron. AC/DC encendía los motores y las ansias se iban consumiendo. Tres décadas esperando se redujeron a un segundo y una explosión de energía y euforia. Los guardianes del viejo y amado rock and roll salieron a escena y, de pronto, todo fue saltos, goce y éxtasis al ritmo del riff endemoniado de “If you want blood (you’ve got it)”. Eso bastó para que la llama de la fiesta se encendiera para no acabar sino hasta que los cañones dispararasen sus saludos atronadores y las bengalas estallaran en el cielo del día más oscuro.

Con una clase magistral de cómo cocinar una receta rockanrolera a fuego lento, Angus y Brian cumplen su rol de líderes de la caravana de la vida a la perfección, llevando a las miles de almas que lo daban todo del paraíso al infierno y más allá con clásicos indiscutibles y siempre eficaces como “Back y black”, “Shot down in flames”y “Thunderstruck” y dando espacio a las creaciones más recientes del grupo como “Demon fire” y “Shot in the dark”, dejando en claro que el sonido de AC/DC es pura y mágica marca registrada y sin fin.

La cita de este 11 de marzo fue la primera llamarada de un abrazo y un reencuentro que tomó treinta años en concretarse y que valió cada segundo que pudimos disfrutar de una de las leyendas vivientes más grandes de la música (no solo del rock). Una fiesta que tuvo a Hielo Negro como invitados y herederos locales de la impronta de tres acordes estridentes y una base implacable que abrieron la ruta desde temprano. Una Posta que tomaría The Pretty Reckless cuando ya el sol caía con el entusiasmo de las casi ya 80 mil personas que colmaba el local. Un ambiente más que sonado para que AC/DC dieran un concierto con momentazos de potencia, calidad y emotividad.

La celebración estuvo llena de regalos. Gemas brillantes del repertorio más querido de la banda (no solo se vive de hits), donde “Have a drink on me” o “Jailbreak” fueron velitas poderosas y queridas. La cancha general gozando al máximo. El pit repleto hasta los techos de los baños a la distancia (a veces algo calmo y silente Edificios pendientes. El rayo sónico atravesando Santiago. Un set list impecable y respeto de temas estelares. De todas maneras, los puntos más altos fueron las interpretaciones gigantes de clásicos totales como “Highway to hell”, “You shook me all night long”, “Dirty deeds done dirt cheap”, “Whole lotta Rosie” o una tremenda versión de “Let there be rock” y un monumental Angus Young, haciendo gala de todos sus trucos y cachañas en la guitarra y como un detonador de masas.

El cierre con “T.N.T” (y un coro titánico) y los disparos eternos de “For those about to rock (we salute you)” cerraron una noche espectacular en la cual varias generaciones fueron parte del encanto de AC/DC. Emoción, aplausos, cánticos y voces al borde de la disfonía. Alguno llegó al llanto agradecido (yo). Miles de fans que esperaron y sonaron con este momento. Cientos de niñas y niños sorprendid@s y agazajad@s con la entrega eléctrica de una de las bandas más potentes del planeta. Felicidad y misión cumplida para muchos.

Los muchachos de AC/DC entregan siempre uno de los mejores espectáculos del universo. Ahora deben descansar merecidamente. En un par de días vendrá la segunda jornada. Hasta entonces, los saludamos con nuestras manos en cuernitos al viento.


Zumbido.cl

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