
Texto por Franco Zurita
Fotografías por Lotus
Después de casi dieciocho años de su última visita al continente, finalmente vivimos el regreso de My Chemical Romance a nuestro país. Un retorno soñado, esperado por más de una generación que vió en los de New Jersey, un refugio, un eterno luto musical del cual fuimos parte tiñendo de negro las calles de Santiago para desfilar al pulso del “The Black Parade”. Una ceremonia de redención colectiva, un estallido de nostalgia en donde miles de voces, marcadas por el paso del tiempo, se unieron bajo el mismo fuego demostrando que el espíritu adolescente, aún se mantiene entre todos nosotros. Una tarde de ensueño de inicio a fin, que además tuvo el honor de tener como invitados a una de las revelaciones del emo/post-hardcore local, los nacionales de HVNVBI junto a una de nuestras bandas favoritas de la vida, los incombustibles de The Hives quienes como siempre, reventaron el escenario con su potencia y vitalidad.

El día comenzó muy temprano para muchos fanáticos. Había pasado demasiado tiempo desde la única vez que Gerard Way y compañía pisaron por vez primera suelo nacional, por lo que la ansiedad y el nerviosismo estaban absolutamente justificados. Tanto así, que no fue extraño ver a fanáticos, desde muy temprano, luchando con las altas temperaturas que auguraban una tarde infernal. Pero nada importó y todo valió absolutamente la pena.
Con las puertas del Bicentenario abiertas, HVNVBI fueron los encargados de dar la bienvenida a los más entusiastas y con una energía increíble, los comandados por Alicia Paredes entregaron la vida en el escenario con un repaso a su maravilloso EP homónimo y otras joyas más recientes de su repertorio. “Aunque no recuerdes” y por supuesto, “Daikiri” fueron algunas de las piezas que elevaron los decibeles y prendieron el ambiente con son una sólida presentación Una banda con un potencial tremendo que poco a poco, se ha tomado el camino del underground para finalmente, llegar a los grandes escenarios. Un completo acierto para la producción. Con esta primera entrega musical, la tarde siguió su curso para presentarnos a unos que ya son de la casa. A dos años de reventar el Caupolicán con su gira “The Death Of Randy Fitzsimmons” y presentarnos su, en ese entonces, nuevo trabajo, le elegancia explosiva de The Hives se hizo presente en el estadio acompañando a My Chemical Romance en este periplo por latinoamérica.

Con “The Hives Forever Forever The Hives”, su último disco bajo el brazo y vistiendo sus habituales trajes monocromáticos, Pelle Almqvist comandó la electricidad de sus secuaces para una explosión de rock & roll y actitud haciendo de este preludio, una experiencia vibrante. Los suecos encendieron las antorcha con “Enough Enough”, parte de su nuevo álbum en un set que equilibró por partes iguales, tanto joyas inmortales como la ferocidad de lo más reciente de la banda. “Main Offender” fue la descarga eléctrica que siguió orquestando este asalto musical para que luego ‘Bogus Operandi’ y el clásico “Hate Say I Told You So” terminaran de desatar la locura máxima en el recinto. «Countdown to Shutdown» fue la cuenta regresiva que acompañó la detonación en la cancha del Bicentenario dejando en claro la autoridad y actitud de The Hives. Todo fue caóticamente perfecto. Pelle con un español cada vez más fluido, interactuó de manera activa con todos los presentes bajando del escenario en múltiples ocasiones para dirigir a la masa de cuerpos que se movían entre el caos de sus guitarras. Ya al final de su show y en completo agradecimiento a la energía dispuesta de todos los presentes, la cuenta regresiva de ‘Tick Tick Boom’ fue el preludio explosivo para finalizar con el nuevo himno de los suecos “The Hives Forever Forever The Hives” dejando la vara, como siempre, más que alta para una tarde que ya auguraba altas expectativas. The Hives, vuelvan siempre. Chile es su casa.

Tras ese torbellino de rock & roll, era momento de sumergirnos en el régimen totalitario de Draag “El Dictador”. Porque, My Chemical Romance dejó atrás la nostalgia y la solemnidad de “The Black Parade” para introducirnos en este mundo ficticio en donde la banda asume el rol de orquesta en una dictadura que se encarga de drenar hasta la última gota de creatividad de la banda utilizándolos como herramientas de propaganda para anestesiar a las masas con un pasado, ahora, profundamente controlado. Bajo este particular concepto en esta nueva gira de My Chemical Romance, de manera puntual los relojes se sincronizaron para dar inicio a esta ceremonia con “National Anthem of Draag”. Una interpretación que inundó de expectación todo el recinto con la emoción de estar a punto de revivir recuerdos maravillosos y también dolorosos, a través de los himnos de una banda que conquistó a más de una generación.

Con Gerard, Mikey, Frank y Ray en el escenario, cada uno con su uniforme del “The Black Parade”, las luces se apagaron para iniciar con el final. Porque los primeros acordes de “The End” rasguearon en el aire para convertir el Bicentenario de la Florida en un mausoleo de memorias vivas. Un reencuentro con nosotros mismos que creíamos haber perdido durante todo este tiempo. Una declaración de que el fin, puede ser en realidad un nuevo comienzo. Un nudo en la garganta era lo mínimo que se podía apreciar ante las miles de voces que encendieron el coro de esta pieza que partió una de las noches más esperadas del año. “Dead!” y “This is How I Disappear” comenzaron a dar forma a la interpretación integral del “The Black Parade” para llegar a uno de los momentos más especiales de la jornada junto a “Welcome To The Black Parade”. El himno de este desfile negro, se impuso ante un monumental coro de voces que vibraron en el pecho de cada uno de los presentes recordandonos con más fuerza que nunca que ante la adversidad, la vida y la muerte, tenemos que seguir siempre adelante.

“I Don’t Love You” llegó para despertar el lado más íntimo de la banda y tocarnos por completo el corazón junto a la profunda confesión de “Cancer”. Un desgarro emocional que redujo la euforia a un momento que logró erizarnos la piel ante tanta emotividad. Ya en la mitad del recorrido y liberados un poco del control de “El Dictador”, la banda nos regaló la catarsis visceral de “Mama”, con una interpretación fascinante. Con el fuego como elemento purificador, “Famous Last Word” quemaron las últimas palabras de este universo para volver al inicio con “The End”. Como si de una especie de bucle temporal se tratase.

Tras el término del show y como en toda dictadura, la muerte es parte fundamental para su mantenimiento. Es por esto que Gerald, en su rol de portavoz de la banda nacional del dictador, empuñó un cuchillo para acabar con la vida de uno de los feligreses, como si el sacrificio fuera el último acto para la culminación de este espectáculo. Dicho esto y mientras la sangre se tomaba el escenario, las luces se apagaron para dar término al control de masas, finalizando así, el bloque “The Black Parade”.
En completo silencio y con el nerviosismo como protagonista, los fanáticos sabíamos que esto no terminaba ahí, así que, entre gritos y algunos minutos de descanso, My Chemical Romance volvió al escenario, esta vez, con mayor libertad para regalarnos una última parte dedicada a otras joyas de su carrera. Y si la primera parte del show fue una completa ceremonia, este segundo tramo, que inició con ‘Boy Division’fue una emboscada de pura adrenalina. El aire estaba enardecido y fue en este bloque en donde la banda mostró su cara más afilada. La rabia adolescente de “I’m Not Okay (I Promise)” y la ejecución frenética de ‘It’s Not a Fashion Statement, It’s a Fucking Deathwish’ se sintieron como un pacto de sangre renovado, un recordatorio de que My Chemical Romance no solo sabe llorar, sino también gritar hasta sangrar. La transición hacia el caos festivo de ‘Na Na Na’ y el desenfreno de ‘You Know What They Do to Guys Like Us in Prison’ transformaron la cancha en una avalancha de cuerpos en movimiento, donde el agotamiento físico sucumbió ante el hambre de cientos de fanáticos que pretendíamos que el reloj dejara de avanzar para quedarnos allí por siempre.
Sin embargo, el verdadero y gran momento de la noche llegó con el final. Ver el estadio entero convertido en un océano de brazos en alto durante la interpretación de ‘Helena’ fue la imagen definitiva de la noche; un himno que dejó de ser de My Chemical Romance, para pertenecerle a toda una generación. Y como tenía que ser, la locura fue total, una completa liberación de energía que solo encontró su calma final en los acordes de ‘The Kids From Yesterday’, sintiéndose como un abrazo colectivo y agridulce y sellando una despedida que, a diferencia de hace diecisiete años, no dejó un vacío, sino la certeza de que el tiempo podrá pasar, nuestras ropas y estilo podrán cambiar, pero esa chispa de rebeldía y pertenencia que encendieron anoche el Bicentenario de La Florida nos mantendrá vivos hasta su próximo regreso. “We’ll Carry on”




















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