
Texto por Cristian Martínez
Fotografías por David Leyton
La noche del 27 de enero fue testigo de cómo la melodía y las luces del Club Ámbar se entrelazaban suavemente al compás de la música, creando una atmósfera cálida e íntima. En un formato acústico, Frank Turner, Dave Hause y Katacombs subieron al escenario uno a uno, armados únicamente por sus guitarras y voces, dejando que sus canciones hablaran por ellos.
El tiempo comenzó a correr desde el momento en que se abrieron las puertas del recinto, dando paso a quienes desde temprano se reunieron en los alrededores. Ya en el interior, los asistentes se acercaron a la barra para elegir algo de beber entre la variada carta que ofrece el Club Ámbar. Amigos y parejas de todas las edades llenaron el espacio con conversaciones y risas, que se vieron interrumpidas por aplausos cuando Katacombs subió al escenario. Así se dio inicio a la noche en formato acústico, con melodías suaves y otras más intensas que dieron variedad al repertorio, pero mantuvieron la fuerza y la honestidad a lo largo de la velada.

La apertura del concierto estuvo a cargo de Katacombs, proyecto encabezado por Katerina, artista nacida en Miami y de madre española. Desde el inicio compartió parte de su historia personal, relatando que vivió algunos años en Paraguay, donde reforzó su español, lo que le permitió comunicarse con el público de manera totalmente fluida. Su carisma y sencillez, junto a su música y las anécdotas que compartió, crearon un ambiente cálido que marcó el comienzo de la noche. Su presentación se centró en su más reciente álbum, Fragments of the Underwater (2025). Como gesto hacia el público hispanohablante, interpretó “Fruta y mar” y “Pin Pin”. Sobre esta última, explicó que el tema es de origen español y que se la cantaban sus abuelos durante su infancia, cuyo significado se ha perdido con el tiempo. Por este motivo, decidió darle un nuevo sentido y dedicarla a sus abuelos fallecidos, aportando a la interpretación una fuerte carga emotiva, llena de nostalgia y gratitud.

El siguiente en tomar el escenario fue Dave Hause, recibido con entusiasmo por un público que lo reconoce como una fuente de inspiración y rebeldía. Abrió su presentación con “Look Alive”, acompañado únicamente por su guitarra y por un público que se sumó al show desde los primeros acordes, convirtiéndose en el coro de cada canción. La influencia de Bruce Springsteen se hizo presente en el sonido de sus temas, cargados de rebeldía y disonancia, encendiendo la euforia de los asistentes al cantar algunas de las estrofas más confrontacionales de la noche. Entre canciones, Hause pidió recomendaciones sobre qué visitar y qué comer en Santiago, y como parte de la idiosincrasia culinaria de Chile se hizo escuchar el infaltable completo. Al intentar repetir el nombre con su acento, el músico provocó risas en los asistentes. Entre las canciones más coreadas de su presentación destacaron “Saboteurs” y “Damn Personal”, esta última reservada para cerrar su paso por el escenario.

Para cerrar la noche, Frank Turner tomó el escenario entre aplausos y gritos de ovación. Antes de comenzar, se tomó un momento para dirigirse al público en español, agradecer el cariño recibido y expresar lo significativo que era para él debutar en Sudamérica. Su presentación se inició con “Eulogy” como introducción, seguida de “If Ever I Stray”. Entre canciones, Turner aprovechó cada pausa para interactuar con los asistentes, compartiendo reflexiones personales y dejando en claro su postura crítica frente al avance de la ultraderecha en Estados Unidos y los ecos que esta situación ha tenido en Sudamérica.

La velada adquirió un tono más festivo con temas como “Four Simple Words”, momento en que el público comenzó a moverse al compás de la música, con parejas tomadas de la mano y un ambiente de alegría que se contagió rápidamente entre los asistentes. En “Do One”, Turner pidió a un asistente a sostener una hoja con parte de la letra de la canción en español, la que interpretó comenzando con la frase: “Hay gente que va a odiarte sin ninguna razón, no pierdas el tiempo cambiándolos… sé tu mejor versión”. El gesto emocionó de inmediato al público, que respondió con aplausos y gratitud ante el esfuerzo del músico por conectar con la audiencia local.
Para finalizar, reservó “I Still Believe”, canción que fue coreada por todo el recinto y que marcó el cierre de una noche especial. Entre aplausos y gritos de emoción, Frank Turner se despidió del escenario, sellando un debut histórico en Santiago que dejó una huella tanto en el artista como en quienes fueron parte de esta noche.





















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