
Texto por Lucas Araya Araya
Fotografías por David Leyton
La comparsa sin freno llegó a Santiago para celebrar tres décadas de “Mi Vida Loca”, el disco que les abrió las puertas a todo un continente y que significó un portal de tiempo que hace de sus canciones y de su show en vivo un manantial de energía constante y contagiosa. Con un set cargado de clásicos y la revisión de su álbum de 1995, la extensa banda festejó en más de dos horas con su encendido público local.

El sol cae, la tarde se acuesta a dormir y la noche emerge lentamente arropada con aire fresco en la explanada del Parque O´Higgins. Momento perfecto para que l@s piratas murgueros del corso interminable aparezcan y que la fiesta inolvidable comience pasaditas las 9.
Señoras y señores, a lo que vinimos: Los Auténticos Decadentes en pleno recreando uno de sus discos más emblemáticos en su misma inmensidad después de muchos años de ruedo, todo combinado de forma perfecta con gemas de su repertorio iniciando así el camino de festejo de cuarenta años de existencia y de música que llena los corazones y eleva las voces.

En este combo celebratorio hay un sitial dorado para temazos invencibles como “La guitarra”, “Corazón” y “El murguero” arropando joyitas como “Morí de risa”, “El pájaro vio el cielo y se voló”, “La diosa” y “Mil noches”. Todas servidas como platos principales en un banquete donde clásicos absolutos como ”Los piratas”, “Vení Raquel” y “Cómo me voy a olvidar” son los condimentos perfectos para el sabor incomparable de una de las bandas más icónicas de Argentina y de latinoamérica.
En un repertorio extenso y generoso, Los Decadentes abren todo su abanico sonoro para regalar ritmos y estribillos populares donde el ska, la cumbia, el reggae y el rock forman parte del menú, combinando la fiebre de la locura nocturna con la ternura y el afecto sincero y confesional como cuando “Amor” inunda el espacio con su ritmo contagioso, “No me importa el dinero” con su sabor a clase obrera y calles de tierra y barro (y un saludo afectuoso a Julieta Venegas, presente), la simpleza sincera de “Un osito de peluche de Taiwán” o el frenesí total que resume la identidad compartida de “Somos”, todo es parte del mismo combo efectivo y real donde también hay espacio para el tributo y la referencia al amor por la música de quienes han pavimentado el camino que seguimos recorriendo en comunidad (Sumo y Todos tus muertos suenan también acá), incluso con la unión de músicos locales con la tropa decadentista.
Hacia el final, la mezcla balanceada más decidora: “Loco” y “La banda sigue”, dos polos que se atraen, se unen y cierran una sesión de locura sin igual que abre la senda para seguir andando con Los Auténticos Decadentes por el resto de los días.
Aplauso, cánticos de hinchada, coros masivos, bailes en sus puestitos (una fiesta con sillas numeradas sigue siendo una danza controlada) y manos al aire de allá pa’ acá. Fin del concierto y caminar. Afuera puestitos de mercanchaidin, bebestibles y el cemento y los árboles en sombra . Más allá, las micros, los taxis, gente que camina y sigue el mambo en su ley. Cada cual a vivir su vida loca.
¡Decadentes por siempre!





















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