
Entrevista por Tomás Bascoli
“Denominación de origen” fue un regalo cinematográfico que nos entregó el cine chileno el año pasado. La cómica historia sobre la disputa legal entre el origen de las mejores longanizas del país trajo consigo no solo carcajadas, sino una mirada aguda a los diversos obstáculos que tienen las organizaciones y movimientos sociales locales para cumplir los objetivos que se proponen, muchas veces, para el bien común de sus vecinos y vecinas.
En Zumbido conversamos con Tomás Alzamora, director de la película, sobre el origen de esta idea llevaba al cine, la selección de los entrañables personajes que la protagonizan y el real sentido crítico de esta cinta.

¿Cómo ha sido toda la experiencia que te ha traído “Denominación de origen”? Desde lo que te ha costado llevar esta idea al cine, como también el buen recibimiento de la película y todo lo que te trajo.
Ha sido un un año muy lindo, inesperado para ser súper sincero, pero también gratificante ver que las cosas en algún momento florecen después de regar y cuidar la plantita. Porque también son varios años de trabajo y hacer cine en Chile es muy difícil: hay que levantar recursos, escribir cuando no hay recursos, crear cuando no hay recursos, hacerse espacio mientras uno también tiene que sobrevivir. Entonces fue un año muy lindo, nos llenamos de cariño y la gente conectó muy bien con la película.
Y, ahora, aprovechando el post película, hay que sacarle el jugo que dio, una suerte de empuje y aprovechar eso para seguir creando y ojalá no tener que hacer una película en siete años más. Entonces, me motivó mucho a escribir. Presenté dos películas al fondo, otra película en Perú, ahora también supermotivados con el festival de cine, entonces, estamos gozando de una buena salud, hay credibilidad, levanto el teléfono, la gente me apoya, se interesa en el proyecto.
Preguntándote directamente de la película, ¿de dónde surgió esta idea que sostiene a “Denominación de origen”?
Bueno, yo soy de San Carlos, entonces la película habla de mi pueblo, es una historia de identidad. Nosotros producimos muy buenas longanizas. Pero estamos a la sombra de Chillán y es como la clásica historia de un pueblo chico versus un pueblo grande. Entonces, la idea viene desde que yo era muy chico, incluso antes de estudiar cine.
Me acuerdo cuando tenía 12 o 10 años, iba de vacaciones en algún lugar y me preguntan, «Oye, ¿de dónde eres? De San Carlos.» Y nadie tiene idea de dónde quedaba, entonces crecí con esa sensación y también con ese activismo. Me acuerdo que a los 12 años produje mi primer encuentro de rap nacional trayendo a todos los raperos, porque yo soy rapero, y traje a todos los raperos de Chile a San Carlos para que conocieran mi tierra, para que supieran dónde estábamos.
Entonces, de por ahí vienen esas ganas de contar esta historia, de levantar las manos y decir, «Ojo, acá hay un pueblo, aquí está San Carlos, tenemos buenas longanizas, tenemos linda gente” y después esa idea se va entramando con toda la historia política local y nacional que también hace que la película se haya convertido no en una historia solamente local, sino que más universal.
Si bien la película se enmarca en el género de comedia y utiliza el recurso de falso documental para contar la historia, también tiene una representación de los movimientos políticos locales muy fidedigna.¿Cómo lograste proyectar el entramado interno de estas organizaciones y movilizaciones?
Es nuestra realidad y la conozco desde muy pequeño. Fui parte de clubes deportivos, también de los consejos de curso, presidente de curso también y participé en organizaciones y scout. Y de cierta manera también es nuestra realidad como trabajadores de la cultura. Que estamos ahí tratando de organizarnos, peleándonos por unos fondos, terminamos agarrados de las mechas porque no hay plata, y también la película se inspira mucho en nuestra situación política actual. Son situaciones que personalmente me afectan mucho y me generan incomodidad y las expresé de forma efectiva a través de la comedia porque es mi lenguaje, porque no puedo pasarme siete años de mi vida para solo hacer una comedia liviana y no hablar de nada. Para mí el cine es político, no es que quiera cambiar el mundo, suena muy idealista, pero sí, creo que uno puede, desde su mirada, desde su trinchera, puede aportar a la visión, no a mejorarlo, pero sí a reflexionar, a vernos como un espejo y hablar sobre algo contingente, y no hablar solamente de cosas tan livianas.
Entonces, ahí se crea ese equilibrio, es como yo veo las cosas siempre con un chiste, con una talla, pero también el otro lado es lo político, como nos organizamos, la realidad de nuestros vecinos y la realidad en todo Chile, de cómo nos peleamos, que cuando ya decimos sí, pero después cuando hay que poner la luca nos echamos para atrás y terminamos peleados porque yo no quiero soltar nada de lo mío, por la ignorancia, por el miedo de perder todo y al final terminamos votando por cosas que no son muy benéficas para nosotros.
¿Cómo fue la selección de personajes y del elenco que prima en la película?
Fue un trabajo de varios años, porque a DJ Fuego (Roberto Betancourt) lo conocí hace rato, al abogado (Alexis Marín) también, a la Luisa Marabolí se me cruzó filmando un reportaje por televisión y después al final hicimos un casting donde llegaron más de 200 vecinos en San Carlos y ahí llegó el último personaje que era tío Lelo (Exequías Inostroza).
Entonces fui encontrándolos en el camino, enamorándome, diciendo “estos son unos personajazos increíbles que ni el mejor guionista pudiera escribirlos”, porque son ellos siendo ellos con su lenguaje, con sus expresiones, que obviamente están puestos en una estructura narrativa, pero la construcción viene de ellos. Yo no escribí estos personajes, sino que siento que los recopilé y para eso el trabajo fue estar conectado con la tierra, estar en el campo, estar en la población, estar filmando por aquí, por allá, estar en San Carlos con mi pueblo, con mis vecinos y así es como uno va encontrando tesoros cinematográfico.
Yo siempre insisto en esa idea que a veces el cine y los personajes no hay que inventarlos, como que hay mucha gente que cree como que uno tiene que ser un genio creando y al final es una recopilación de lo que ya existe.
¿Qué es lo que se viene para tu futuro?
Ahora estamos a punto de comenzar el Festival de Cine Nacional de Ñuble, que es el evento que fundé y dirijo artísticamente. Ahora estamos acá en Chillán, empieza del 13 al 17 de enero y vienen las mejores películas del año, es un evento gratuito abierto para la comunidad donde vienen más de 8000 personas a ver películas en un teatro habilitado, vienen muchos invitados, hay talleres de formación, para profesionales, para niños, cine infantil, laboratorios de creación, donde vienen todos los cineastas de Chile también a a trabajar sus películas, así que estamos dando la vida hoy en en eso, estamos muy felices porque ha crecido harto y también estoy esperando el resultado de los fondos, a ver si cae la producción de alguna película.
Estoy también en este momento filmando un documental que esperemos que también se pueda estrenar este año.





















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