
Texto por: Adolfo Serey
Fotografías: Bizarro Live
Como pocas veces he podido estar frente a un espectáculo de estas proporciones, tan emotivo como magnánimo. Transcurrían las 21:00 hrs en punto cuando todo comenzó. Una a uno fueron pasando las y los integrantes de La Orquesta Johann Strauss lideradas por el violinista, compositor y Director de orquesta, André Rieu. Paso a paso avanzaban ante los aplausos de la multitudinaria audiencia para dar inicio a un glorioso y triunfal espectáculo. Se trata de un show apoteósico, repleto de mágica música que te transporta por medio de composiciones arabescas, sonidos navideños, Rock, música popular de todos los continentes y el prestigioso Vals de salón.

Algunos de los momentos claves de este grandiosos show fueron el viaje a través de las cuerdas en «Egyptian March», “el motivo navideño” (con una gran sorpresa), la participación coral del público y cada interrupción que Rieu protagonizó con gran carisma. Lejos de ser un show monótono y poco sorpresivo se transformó en una gran velada, imperdibles e irrepetibles como la conversación que se sostiene con un amigo o con una amiga.

Nos dijo frases como: “En el último show de las fechas decidiremos cuál fue la mejor participación del público y esa irá en el DVD” desatando las risas de la audiencia u otras como “Una vez me dijo un doctor de 47 años: cuando le ponemos el CD a los pacientes nos dicen que ya no nos necesitan”, y todos reímos. Para luego hablarnos emotivamente: “la música es lo más preciado, porque cura el alma”. La ovación del público no se hizo esperar. Curiosamente, y muy contrario a lo esperado, el protagonismo no se lo roba el carismático Rieu sino que propone un espectáculo donde cada integrante de la orquesta puede asumir ese rol, el papel protagónico: voces líricas, instrumentos de percusión, cuerda, bronces y viento.

¿Falta algo por nombrar? La interpretación es algo prolijo y la oportunidad única de reencontrarse con lo más clásico de la música. Sin embargo, todo se encuentra tan lejos de un espectáculo de “cámara” o de “salón”, el recinto se conjuga con el discurso de este gran director “acercar la música de una forma más flexible y fuera de la etiqueta, pero con el mismo propósito emocionar al oyente”.
¿Podría faltar más? Por supuesto que hay mucho más como polka y un twist orquestal muy peculiar ¿habían oído algo así antes? El momento más emotivo de la velada fue cuando tocaron uno de los Vals más populares de todos los tiempos: «El Danubio Azul», invitando a perder el pudor al baile. Una a una las parejas fueron emergiendo desde el público, deleitados por la música, se centraron en sus seres amados y comenzaron a bailar en todas las localidades. El reciento de conciertos se transformó en un verdadero macro-salón, los participantes nos estremecieron y nos emocionaron en conjunto a lo musical.
Ya lo saben… si quieren aparecer en el próximo DVD deben asistir y no dejar de soñar.





















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