Texto por: Lucas Araya

Fotos: Claudio Escalona

Tortoise desembarcó en Santiago para revisar su fundamental disco «TNT» (1998) de forma íntegra, recreando sus melodías y atmósferas y dándole nuevos aires en el baile de l@s nunca sobran en el Teatro Coliseo. Una sesión que partió de la mejor forma con Narval Orquesta como forma de abrir el camino hacia la experimentación y mezcla sonora. 

Narval Orquesta: olas del mar sónico

Desde el primer segundo en que la orquesta de diez instrumentistas se instala sobre el escenario llegan la armonía, la calma, la tensión y la explosión junto a una delicada e interesante desorientación destellando en una perfecta iridiscencia y abriendo mentes, oídos y manos que aplauden desde la sincera sorpresa. Con una batería sincopada de ritmo quebrados, bailando debajo de un manto de melodías tejido por vientos, cuerdas y teclas, la orquesta da forma a composiciones que varían entre la dulzura y la intensidad, todo en compenetración entre sí y el público, flotando en un momento casi onírico, un trampolín hacia las nubes antes del estallido sonoro más esperado.

Tortoise: Sueño etéreo

La ejecución de un disco en su totalidad y orden original presenta un desafío: salir de lo previsible. Tortoise lo logra, llevando su música en la elevación más inspirada, recreando y remodelando «TNT», con los gigantescos ritmos fracturados de dos baterías, unidos a sonidos ambientales amplificados y modificados con efectos análogos y la inclusión de vientos frescos a su collage de Post-Rock. Los cambios de ritmos, atmósferas e instrumentos entre sus integrantes fue siempre una forma dinámica de romper con los moldes e impresiones (antes y en este momento), motivando bailes espontáneos y movimientos en el más bello y atractivo trance sensorial.

La inclusión de un ensamble local para acompañar los pasajes sonoros extendidos a lo largo de «TNT» también aportan detalles y bríos que enriquecen la experiencia de volver a disfrutar del contenido del álbum en su totalidad, solo que de una manera renovada y recargada de tintes deliciosos.

El despliegue de una obra rupturista, colosal y emblemática en loop difumina las posibilidades del paso del tiempo y renueva su significado constantemente. Escuchar «Ten-Day Interval», «I Set My Face to the Hillside»«The Equator» es una forma de morder el placer y saborear la ondas sonoras en movimiento, llegando al nirvana en mantras instrumentales como «Four-Day Interval», transformando las líneas de bajo, las capas de  guitarras y cuerdas en figuras perceptibles o el percutir de las marimbas en palabras invisibles de poemas musicales. 

Ya lo expresa Tortoise hacia el final del disco «Almost Always Is Nearly Enough», y esta noche se da todo para que el cuadro se repita frente a nuestros ojos de una forma totalmente distinta, a pesar de ser un listado de canciones reconocibles y esperadas. Un bombazo a los bordes y los límites, expandiendo su impacto con un Encore final con «Along the banks of Rivers» y «Crest» para cerrar una cita preciosa y llena de afecto y entrega.

Una noche perfecta como antídoto a la nostalgia. En este lugar no hay tiempo de mirar atrás. Todo ocurre aquí y ahora. Una bomba de tiempo lanzada al cielo del futuro hace más de 25 años, solo que en el presente se percibe más real. Mañana está en constante movimiento y expansión. Mañana es mejor.


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