Texto: Franco Zurita
Fotografías: Joselyn Heyden

Las gélidas noches de esta gris ciudad, obligan a refugiarnos en diversos panoramas capitalinos que a cuenta gotas, encienden distintos puntos de la urbe ofreciendo distintas alternativas y sensaciones para abrazar algún fuego en el frío imperante. Para fortuna nuestra, una tormentosa luz se hallaba encendida a un par de metros de profundidad, bajo el subsuelo capitalino. Los encargados de encender la ardiente llama era el colectivo TNMTH (Todos Nuestros Mañanas Terminan Hoy) quien en su afán de promover la solidaridad, autogestión y difusión de sonidos eran los anfitriones de una de las jornadas más esperadas de la escena post-hardcore y derivados. Bajo el alero del colectivo, los mexicanos de Joliette llegaban por segunda vez a nuestro país presentando su más reciente EP «Luz de Bengala» y de la mano de Cienfuegos y Chances, hicieron temblar el suelo subterráneo en un demostración de agresión auditiva sin tregua.

El ambiente, si bien demoró en entrar a tono con la misiva de la jornada, poco a poco los tímidos invitados fueron tomando lugar en el Espacio del Ángel, para darle la bienvenida la noche y a los nacionales de Chances, quienes eran los encargados de atenuar el frío con su poderosa y desgarradora esencia.

¿Que podemos decir de Chances que no se haya dicho antes? El alcance que han logrado no es en vano, y es que con su ensordecedora mezcla de ruidos que se pasean entre las diversas gamas del Post, lograron abrir nuestras cabezas y quedarse para tomar posición en la escena nacional actual. En un recorrido por su corta pero intensa carrera y con el estreno en vivo de «Druidas», su nuevo single en compañía de Gaston, vocalista y guitarrista de Joliette, azotaron nuestras cabezas al ritmo de las potentes catarsis que desplegaba Tam en sus valerosos y desoladores lamentos, lográndose destacar como el inicio perfecto para esta esperada comunión.

Luego de esa tormenta sonora, era el turno de las introspectivas melodías y estridencias de Cienfuegos. Con la melancolía y la rabia como bandera, el cuarteto nacional disparó uno tras otro los diferentes himnos que componen su carrera desde su EP homónimo hasta su «Derrotero/Devenir». Escuchar Cienfuegos, me recuerda a la crudeza de los españoles de Ekkaia. Guardando las proporciones, la cólera y la rabia plasmada en medio las sutiles melodías que componen los diferentes viajes de venganza y desesperanza en las que nos sumergen pueden al menos, asemejarse en su génesis. Un show y una banda que vale la pena revisar para desgarrarse el pecho ante la estridencia y delicadeza del armonioso ruido de Cienfuegos

Para concluir el encuentro y para mantener el calor telúrico que abrazaba y sucumbia ante un público vacilante, Joliette hizo su entrada ante el ánimo de la fanaticada local y con una especie de cumbia mexicana de fondo, rendían tributos a sus tierras saludando a los presentes que se acercaron a la banda en su entrada. Y bueno, que podemos decir de los show de Joliette. En mi primer encuentro con los mexicanos, esperaba lo que todo el mundo en ese espacio también se esperaba de alguna forma, seguir flagelando los tímpanos y sacudir nuestras entrañas ante las disonantes y frenéticas melodías del quinteto en un repaso por su sólida carrera, y así fue y mucho más.

Y es que el sonido que logran comulgar los oriundos de Puebla, es realmente admirable. Una exquisitez musical que se refleja en cada detalle de sus canciones. Arreglos casi matemáticos que, cada ciertos momentos, sacudían nuestras cabezas de distintas formas y a distintos compases, haciéndonos divagar en un viaje realmente frenético, a ratos caótico, y que sumado a las dolorosas declaraciones emanadas de sus letras nos subyugan de manera constante a una catarsis sonora de la que todo el mundo está y estuvo dispuesto a someterse. Una presentación que carece de energía y que en cada interpretación logra darnos una bofetada de desenfrenados riffs que tuercen nuestras cabezas pero también nuestros corazones.

Todo lo anteriormente descrito, escoltado de un público que acompañaba cada frase que Gastón desgarraba ante un mosh discreto pero que fue la brasa imperante para mantener el calor y por supuesto, la luz de una bengala que marcó un precedente en la escena nacional.


Zumbido.cl

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