Entrevista por Vanessa Pérez

Tata Barahona nos recibió en su casa, mientras sus gatos cruzaban la sala y uno se acomodaba en sus piernas, para hablarnos de “Puntadas” y de su próximo concierto este 22 de noviembre en el Teatro Nescafé de las Artes.

La conversación avanzó con la misma calma y profundidad que refleja en sus canciones: recuerdos que aparecen sin prisa, ideas que se hilvanan con honestidad y esa forma sencilla, pero filosa, de mirar lo que nos toca. 

  1. Para comenzar con algo simple pero fundamental: Cuéntanos sobre “Puntadas”. ¿Cuál es el concepto que sostiene esta obra y qué quisiste transmitir con ella?

TB: Mira, como que todo, o gran parte del trabajo, viene de la carátula del disco. Yo estaba pensando en hacer un disco que tuviera una carátula que algo tuviera que ver con un disco que a mí me inspiró en la vida que se llama “Pongo en tus manos abiertas” de Víctor Jara. La carátula de ese disco son dos manos de un obrero campesino, trabajador de la tierra, que tiene sus manos expuestas mostrándolas con el rigor de esas… con el barro pegado en ellas, la robusticidad, la callosidad, en fin, y todo eso. Como que ese era el concepto: ir desde las manos. 

No sé en qué minuto, yo creo que en las largas conversaciones filosóficas que tenemos con Giannina, mi mano derecha, con la que siempre estamos planificando estas cosas, en algún minuto derivamos de esas manos a las puntadas. Porque la puntada es algo que tiene que ver conmigo: yo bordo. Y ya empezamos a incorporar el arte del bordado que yo realizo como parte del arte de los discos. 

Entonces como que hay esa fusión de cosas que van desde las puntadas. Y “Puntadas” vino a tomar después, un doble sentido: la vida de uno se va realizando puntada a puntada, como uno va bordando su vida con diferentes puntadas en esos procesos. Puntadas como la puntada que te da el corazón cuando sientes algo, o una injusticia, o un amor profundo, o una tristeza… ese juego de palabras nos empezó a gustar.

Y ahí vino este concepto. Esta es la primera vez que hago bordado sobre fotografía, buscando forma de exponer la carátula del disco. Yo no estaba en ese momento en la búsqueda del paisaje y la puntada y el bordado, pero sí me interesó la escritura, y que la palabra “puntadas” estuviera escrita justamente con puntadas: que se notara el hilo, la rotura del papel, todo, como es la artesanía misma.

  1. Cuando rescatas una canción archivada “del olvido”, como en el caso de “Maldecires” ¿Algo del presente termina transformándola? ¿O crees que hay que respetarla y dejarla casi intacta?

TB: Las canciones se conservan intactas. Lo que hemos hecho ahora es realizar su puesta en escena en el conjunto. Una canción inédita, nunca tocada en público, que no está grabada en ninguna parte… que es como para olvidarla, pero no. No había un registro de ella.

En el disco “Guitarra” también hicimos una canción que era del año 87. Imagínate, yo tenía 16 años. Y en esas no son muchas las modificaciones.

Con “Maldecires” lo triste de ella es que es una queja que persiste. Uno la escucha ahora y la encuentra contemporánea. Como que es una queja de hoy. Sin embargo, es una queja escrita en el año 2000. No ha habido tantas transformaciones, quizás se profundizó en un sistema que ya estaba manifestando una queja en el 2000, entonces la canción vuelve a ser vigente. Y eso le ocurre a toda la música. No solo en estas canciones: hay muchas.

Ni más ni menos que “El derecho de vivir en paz” fue un himno para el proceso del estallido social del 2019. Y era una canción que hablaba del proceso de Vietnam. O sea, muy antigua. La música se va reinventando sola, porque va más allá del artista que la crea.

  1. También quisiera profundizar un poco más en la creación del disco, desde los detalles más pequeños ¿Hay alguna búsqueda que tenías presente desde el proceso creativo?

TB: Ocurre que cada canción, en su contexto, tendrá algo que ver conmigo. Pero de un yo que tampoco existe más. Por lo tanto, tampoco soy yo. Qué filosófico esto…

En el proceso de crear el disco… no sé. Es una búsqueda de lo que yo quiero encontrar afuera. Lo que busco es plasmarme en la obra. Y después yo descubro que la obra musical tiene un sentido, tiene una lógica sonora, tiene su discurso, su principio y fin… pero lo que la gente haga con ese constructo es totalmente ajeno a mí y a lo que es el origen de la música misma.

Entonces, nosotros los discos los hacemos por gusto, no por una búsqueda particular. Por supuesto buscamos que a la gente le guste el disco, ojalá que lo disfrute, ojalá se vaya en este tema, ojalá la gente de los gatos se enganche con nuestra canción… así ocurrió.

Esa es la expectativa: la belleza. Yo creo que estamos buscando que el disco sea bonito, agradable de escuchar, que salga con cariño. Entonces con la función de ese gusto personal y la búsqueda de esa belleza… eso es lo que nos mueve más que nada. 

  1. A lo largo de tu obra aparece mucho la experiencia de vida, pero también el retrato de sociedades que a veces parecen ausentes o marginadas. Y creo que algo de eso también está presente en esta última obra. ¿Dirías que ese concepto atraviesa “Puntadas”?

TB: Yo creo que la construcción de la trova es la historia de la humanidad contada, de alguna manera, sin falsa modestia. El arte es testimonio y registro de épocas.

Entonces yo pongo un paralelo con la gente que hace lo urbano ahora, el trap: las letras, las dinámicas, lo que ahí se trata. Claro, a uno podría no gustarle, en efecto. Pero no deja de ser un fenómeno que te muestra una realidad. Hay un habla que es así. Hay un discurso que es así. No porque a uno no le guste, deja de existir ese discurso. Así como hay discursos de odio o discursos negacionistas sobre la dictadura. Existen,aunque uno pueda estar totalmente en desacuerdo.

Yo siento que esa marginalidad que tú hablas sigue presente en este disco, en el sentido de que dice cosas que en la lógica del mercado escapan. “Maldecires” mismo: parto hablando de alguien que te manipula, que manipula tu vida, que no te deja respirar, eso que te viola todo el tiempo… hasta te lo digo en dos idiomas.

Cómo conversamos antes, uno dice: chuta, una canción del principio de siglo, pero ya estamos en un cuarto de siglo. Entonces yo creo que deja un pequeño registro testimonial de algo que sí ocurre. Alguien podría hacer con ese tema un documental, o una serie fotográfica. Todas las expresiones artísticas pueden dejar un testimonio. Qué más lindo que realizar la historia a través del arte.

Y esto está condimentado por venir del mundo popular: somos habitantes de la calle, comunes y corrientes, que hacemos música también. La perspectiva no es solo mía: coincide con la de mucha gente. Estoy seguro de eso.

  1. Me gustaría hablar de la trova chilena. ¿Cómo ves esa escena actualmente,  su público y su continuidad en el tiempo?

TB: Cuando mi música no era reconocida públicamente, era súper ingrato. A mí me hizo abandonar el esfuerzo por mostrar mi trabajo. Era súper ingrato el ambiente laboral, conseguir espacio, buscar lugares donde hiciera eco con música nueva. Yo nunca encontré camino. Todos los caminos que pillé eran ingratos. Y creo que esos caminos persistieron hasta que mi condición cambió, porque me hice visible públicamente, y luego por defecto los bares, los locales, los teatros quisieron mi presencia porque era negocio. “Ah, te voy a traer gente”.

Mi condición cambió. Pero esa condición es extraordinaria. Eso no existe, salvo el que se ganó un Kino o un premio de azar. A mí me pasó cuando mi música se viralizó. La suerte que yo tenía es que tenía una obra consistente detrás que me permitió sortear esa ola.

Pero sin ese impulso mágico, yo había abandonado los esfuerzos porque me parecía ingrato. Entonces yo creo que esa escena existe. Hay una percepción de que hay un monopolio de ciertos artistas… y no es así. La gente va en busca de aquello que logra ver y que es de calidad. Hay un montón de artistas de calidad.

En mi disco participan dos personas que para mí son súper importantes: Dr. Pez y La Mena. Dr. Pez influyó en mi forma composicional. Y nadie lo conoce, o muy poca gente, o un circuito muy pequeño.

  1. Finalmente, quiero hablar del show. ¿Qué nos podemos esperar para este sábado? 

TB: Va a estar muy bonito. Vamos a estar con todos los artistas invitados, la gente que participó en el disco. También hay una descarga de canciones que sabemos que a la gente le gustan, según nuestro ranking. Armamos un trayecto bien bonito, que va desde canciones a guitarra sola y, por supuesto, la mayoría con la banda.

El Teatro Nescafé da para eso: es un hermoso espacio. Y vamos a estar hasta siete músicos en el escenario. Imagínate.

“Puntadas” de Tata Barahona ya está disponible en todas las plataformas

Tata Barahona en Teatro Nescafé de las Artes

22 de noviembre

Entradas disponibles en Ticket Master


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