Texto por: Adolfo Serey
Fotografías por: Hugo Hinojosa

La noche santiaguina se vistió de Metal para celebrar parte de la historia musical de Alejandro Silva y, quizás, la remembranza. Así partió, con una pequeña espera que se extendía a lo largo de una cuadra, apostados a las puertas del Club Chocolate. La ansiosa tranquilidad se dejaba ver en los rostros del público que sólo buscaban la oportuna apertura del show para comenzar a rockear.

La banda Domic abrió el show con tanta vibra de Metal y Rock en el azulado escenario, tan propia como la voz de la armonía de Paulo Domic, el despliegue de la inquisidora flama de Cristián Maturana y Carlos Hernández y las guitarras de Francisco Salazar y Elias Martinez. Adrenalínicos hasta las venas, sonaron en un tiempo acotado, pero repleto de encuentros. Lo primero fue dos grandes muestras de nuevos temas, «Saviors» y «Your insurrection» vistieron de dorado y negro el escenario. Al termino de la segunda de ellas, Paulo señala, “repetimos la historia, hace veinte años fuimos los teloneros de este gran álbum, «Dios Eol», pero con Inquisición, nuestra antigua banda donde compartí con Cristián Maturana y Carlos Hernández”. El grito del rock se sintió con más fuerza con «Lonely Angel», el tercer tema planetario del nuevo álbum estelar de la banda, titulado «The Ancient Lie». Pero los más clásicos se hicieron escuchar como una avalancha: la Hora de ¡Metal Genocide!

Y continuaron con los clásicos de estos tres promotores del Heavy Metal en Chile con «Raiders», «Up the Metal Hammer!» y su GRAN cierre con «Arde el Volcán». Luego de un breve intermedio para el cambio de equipos sobre el escenario, todo se convierte en un completo espectáculo, gráficas solarizadas, efectos visuales y un solo nombre “Alejandro Silva Power Cuarteto”. El público eufórico silbaba, gritaba y aplaudía al mismo tiempo para recibir a los 2 constructores, Alejandro Silva y Gonzalo Muga, del sonido sideral de esta nave nocturna llamada «Dios Eol» y sus dos copilotos, Cristóbal Arriagada y Marcelo González, la que cumple casi 21 años de viaje por la galaxia musical.

A menudo se le cree al metal como la “música underground”, pero el espectro sonoro al que nos enfrentamos tiene más cielo que el propio universo. Se describen a través de su música como músicos perdidos y encontrados al mismo tiempo. Su estado de solidificación sonora es tan impecable como su técnica, cuerdas metalizadas y percusiones galácticas hacen de la puesta en escena una concreción profesional y apasionante. Con una extensa trayectoria, estos experimentados artistas unificaron el Metal, el Rock y el Progresivo en ciencia exacta de la suma de swing y breakdown, logrando enfervorizar a una concurrencia que olvidó las mesas puestas al inicio para recibirles, y convertir a la cancha en un verdadero show de metal.

Su sonido funciona perfectamente como si fuera un álbum de estudio, transportándome a la noche del primer lanzamiento, a mis 15 años, en que los vi por primera vez, lo que resulta tan familiar,  en la mezcla legítima de un sonido cada día más vigente. Luego del impacto de escuchar «Dios Eol» en su integridad, la noche aguardaba una última sorpresa. Será la entrada de otro histórico, Guido Fregonara, quien tomó las riendas del bajo para hacerlo propio, como si nunca se hubiera. Primero, será una breve jam donde se le dará espacio para que luzca sus dotes musicales, pero luego vendrá el broche de oro con una nueva mirada al pasado, hacia el primer disco de la agrupación, mientras el público extasiado ya estaba completamente entregado, pidiendo más de la banda.

Sin duda, Alejandro Silva Power Cuarteto es la prueba fiel que el Rock y el Metal Progresivo aún resiste y persiste anacrónico en el tiempo. Hipnóticas se despiden las metálicas cuerdas del público que se suspende en el espacial sonido, en lo más alto del escenario. Cuatro esgrimistas constelares de la magia que más nos gusta: “la catarsis de la experiencia instrumental”.


Zumbido.cl

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