Por: Lucas Araya

The Hellacopters: acción a la vena, ahora!

Si este es el último show de rock and roll que veremos en mucho tiempo (tras la masiva amenaza de suspensión de conciertos), fue una entrega poderosa de adrenalina, volumen y actitud. Una sesión perfecta.

La paranoia y la pandemia rondaban como fantasmas por las calles de Santiago. En estación Central los carritos de sopaipillas y los vendedores de agua se cruzaban con mascarillas y gente tapándose la boca mientras caminaba. Al mismo tiempo, en la parte subterránea de la ciudad, unos helicópteros suecos aterrizaban para sacudir la oscuridad de los tiempos de caos y el temor inyectado a nivel mundial en una cita que se demoró más de veinte años en concretarse.

Todo partió temprano. A las 9 pm, Hielo Negro comenzaba una nueva etapa en su larga carrera, con cambio de formación y un despertar para seguir remando entre las altas mareas, el silencio y los golpes internos. Estrenando una “nueva” formación con Memo en la batería, la vuelta de Pazón Navarrete y el incansable Chelo Palma, la banda dejó caer el peso de su historia sobre el escenario frente a un público eterno que crecía a medida que el set iba avanzando.

Cabo negro abrió los fuegos como una máquina del tiempo para abrir un campo paralelo donde caras familiares y abrazos se unían en una voz. Hijo del diablo, Sin ley ni dios, Kaos ahora! Llegaron como banda sonora de los tiempos decadentes mientras las luces oscuras bailaban entre las ondas densas del ambiente. Cemento y Pequeña muerte removieron el óxido de esas noches de pisar calles sin fin para dar paso al peso de Viento sabio y su sabor a sur y Patagonia entre el asfalto y los techos de la ciudad. Para el cierre soltaron Vive rápido, muere joven para preparar el ruedo a la velocidad en una alucinación eterna para terminar con El lobo estepario y el reflejo de todos quienes han buscado su lugar deambulando y perdiéndose en rincones y vasos vacíos. Un potente y emotivo show. Una forma de “volver” a casa y recomenzar el camino. “Somos buena gente” decía Chelo al despedirse. Un mensaje de humildad y fuerza. Una llave que abre una nueva puerta en la senda de Hielo Negro.

Luego llegó el plato fuerte de la noche. The Hellacopters subieron al escenario mientras el sonido de sus aspas giraba como un remolino tenebroso. Bastó una mirada directa a los ojos entre ellos y Hopeless case of a kid in denial desató la fiesta infernal entre saltos y voces que cantaban como una tropa de demonios virulentos. Arpegios enfurecidos y riffs certeros mezclados con baterías demoledoras como una tromba y un piano penetrando los oídos y las sienes como clavos afilados. Y eso fue solo el comienzo. Alright Already Now siguió pavimentando la ruta mientras que Carry me home trajo algo de dulzura en un coro circular que grabó la unión de los veteranos del rock sueco con su manada fiel y paciente.
You are nothing, Born broke (con un extracto de Pretty vacant de Sex Pistols incluido), Like no other man y The Devil stole the beat from the Lord , una real caravana de poder eléctrico entre saltos, guitarras al aire y la voz afilada y eterna de Nicke Anderson.


El despliegue adrenalínico de los Hellacopters no dio respiro, bombardeando el lugar tema tras tema y sudando látigos como si fuera su última noche en la tierra. Así lo dejaron saber cada vez que hablaban y agradecían a quienes llegaron a la Blondie. La paranoia y locura sanitaria los pilló desprevenidos y la suspensión de su show en Buenos Aires por el cierre de fronteras fue un golpe de energía que sirvió como combustible y así encender el fuego de su rock and roll añejo y sin fin.
Toys and flavors, Down on freestreet, Long gone losers, himnos de un mundo alternativo donde el rock and roll nunca murió y suena en los parlantes de cada hogar entre cervezas y humo verde.
La tecla aguda de piano que taladró los cerebros toda la noche fue la señal precisa para dejar caer el maremoto sónico de By the grace of God e inundar el escenario con un riff inmortal mientras las manos al aire dejaban escapar voces y gritos hasta no dejar espacio al silencio exterior ni al olor de plástico quemado.

Para el final TAB, I’m in the band y una gutural y cruda (Gotta get some action) Now! Una real lección de cómo sudar rock and roll y no morir en el intento (ni por la infección de un virus).
Si realmente existe una pandemia, debería llamarse The Hellacopters y esparcir la infección de la música potente y visceral que funciona como una enfermedad letal y la cura final, todo a la vez.
¡¡LARGA VIDA A LOS HELLACOPTERS!!

Setlist

  1. Hopless case of a kid in denial
  2. Alright Already Now
  3. Carry me home
  4. You are nothing
  5. Born broke (+ Pretty vacant)
  6. Like no other man
  7. The Devil stole the beat from the Lord
  8. My Mephistophelean creed
  9. Ghoul school
  10. No angel to lay me away
  11. Toys and flavors
  12. Down on freestreet
  13. Long gone losers
  14. No song unheard
  15. Psyched and furious
  16. Before the fall
  17. Soulsellers
  18. By the grace of God
  19. TAB
  20. I’m in the band
  21. (Gotta get some action) Now!


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